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Caracas y su arquitectura, por Gisela Ortega



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Caracas y su arquitectura
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Gisela Ortega | agosto 31, 2026

Correo: [email protected]


La arquitectura venezolana es una mezcla de las culturas autóctona indígena y de las adoptadas en el país por la transculturización artística de las distintas civilizaciones que se comenzaron a proyectar en la nación desde la llegada de los españoles a territorio venezolano. En el siglo XX, vivió su época de oro, evolucionó de poblados tradicionales de baja altura a una modernidad vanguardista impulsada por la riqueza petrolera.

Pasó del estilo neocolonial e historicista de inicios de centuria al Movimiento Moderno, destacando hitos mundiales como la Ciudad Universitaria de Caracas declarada Patrimonio Mundial de la Unesco, grandes obras públicas urbanas, residenciales, de infraestructura vertical y la integración pionera entre arte, trópico y función social.

A partir de 1940, de acuerdo a Wikipedia, IA y otros textos consultados, estuvo influenciada por corrientes funcionalistas de Europa y Estados Unidos, promoviendo el uso de nuevos materiales y técnicas. Destacan arquitectos venezolanos que aplicaron estos estilos modernos en obras emblemáticas.

En la década de 1950, Venezuela era la cuarta nación más rica del mundo. A partir de esta fecha la arquitectura en Venezuela vivió una transformación radical impulsada por la bonanza petrolera y la doctrina del «Nuevo Ideal Nacional». La región se convirtió en un laboratorio de la modernidad en América Latina, destacando el uso innovador del concreto armado y otros materiales, así como la arquitectura brutalista, un estilo moderno de mediados del siglo XX que se caracteriza por el uso de materiales en su estado más puro —principalmente el hormigón o concreto visto—, sin revestimientos, pinturas ni adornos. El nombre viene del francés béton brut (hormigón crudo).

Entre otras, mencionamos las siguientes:

El máximo exponente de esta época fue el arquitecto Carlos Raúl Villanueva cuya obra cumbre, la Ciudad Universitaria de Caracas, diseñada por él entre 1940 y 1960, es uno de los iconos del siglo XX a nivel global. Es el ejemplo más exitoso de la integración entre la arquitectura moderna de hormigón armado y las artes plásticas. Alberga más de un centenar de obras de artistas vanguardistas internacionales y locales (como los famosos Tachuelas o Las Nubes de Alexander Calder en el Aula Magna). Villanueva reinterpretó el movimiento moderno europeo y lo adaptó magistralmente al trópico. Creó espacios abiertos, pasillos cubiertos, sombrillas de concreto y celosías que permiten la circulación ventilada y protegida del sol.

En el año 2000, la Unesco la declaró Patrimonio Mundial. Fue el primer campus universitario en América Latina en recibir este honor, reconocido por su valor universal excepcional equiparable a pocas obras del modernismo en el planeta.

La Reurbanización El Silencio en Caracas, diseñada también por Carlos Raúl Villanueva entre 1942 y 1945, simboliza la transición de una sociedad agraria a una nación petrolera y moderna, transformando un barrio insalubre en un conjunto urbano funcional, integrando vivienda social, espacios públicos y galerías comerciales con identidad local. Mezcla lo internacional con elementos de la arquitectura colonial venezolana, como arcadas, patios internos y zaguanes adaptados al clima tropical.

Culminado con las majestuosas Torres del Centro Simón Bolívar conocidas también como las Torres de El Silencio (1954) diseñadas por el arquitecto que dibujo la Caracas moderna, Cipriano Domínguez, dos edificios gemelos de 103 metros que sirvieron como testimonio de poder económico, altura, récord e innovación urbana en el centro de la capital. Exponen el máximo hito de la arquitectura monumental, funcionalista en Venezuela, representan la entrada de Caracas de mediados del siglo XX, y la transformación radical del casco tradicional de la ciudad para priorizar el tráfico automotor y los grandes bloques de concreto.

El Hipódromo La Rinconada imponente complejo hípico se considera una joya de la arquitectura moderna y monumental de los años 50 en América Latina. Proyectado por el arquitecto norteamericano Arthur Froehlich, especialista mundial en pistas de carreras, incluye vanguardia en ingeniería, paisajismo tropical del brasileño Roberto Burle Marx y arte integrado, murales integrados a la arquitectura creados por artistas como Giuseppe Pizzo. reflejo del auge petrolero venezolano de la época. Cuenta con un gran óvalo de carreras y tres tribunas principales para más de 12.000 espectadores. Su modelo estructural sirvió de inspiración para otros complejos hípicos internacionales famosos.

El Paseo Los Próceres en Caracas es un colosal conjunto urbano de arte húngaro veneciano, representa una obra maestra de la arquitectura monumental y academicista de mediados del siglo XX, destacando como una de las expresiones más claras del urbanismo conmemorativo moderno en América Latina. Ideado por el arquitecto Luis Malaussena e inaugurado en 1956, el conjunto evoca los grandes ejes cívicos europeos —como el eje del Trocadero y la Escuela Militar en París— aplicando una traza de composición de la Escuela de Bellas Artes.

Fusiona de manera armónica la arquitectura, el paisajismo, la ingeniería urbana y la escultura clásica (con piezas de bronce y mármol de artistas internacionales como Arturo Dazzi y Atilio Selva), dialogando con el espacio público a través de plazas, fuentes y espejos de agua. Sus imponentes paralelepípedos de mármol travertino y negro de 30 metros de longitud y 300 toneladas reflejan la magnitud dictada por las corrientes monumentales de la época, sirviendo tanto de tributo histórico continental como de gran escenario para paradas cívico-militares.

–El Hotel Humboldt, la joya que corona El Ávila, ubicado a 2.140 metros de altura en la cima del cerro El Ávila (Waraira Repano) en Caracas, obra maestra de la arquitectura moderna venezolana. Compuesto por una torre cilíndrica que permite una vista de 360º, con una altura de 59.50 metros. Diseñado por el arquitecto Tomás José Sanabria con los ingenieros Gustavo Larrazábal y Oscar Urreiztieta, inaugurado en 1956 tras una rápida construcción récord de pocos meses, de 199 días entre mayo y noviembre de 1956.

–Las Torres de Parque Central en Caracas, significaron un hito de la modernidad en América Latina. Representan una de las expresiones más puras y ambiciosas del brutalismo arquitectónico y el urbanismo de concreto masivo en el trópico, con 225 metros y 59 pisos, fueron los rascacielos más altos de América Latina de 1979 al 2003. Lo que refuerza su valor como testigo de la arquitectura moderna venezolana. representaban el progreso del país. En los años 70, el ingeniero Enrique Delfino y el arquitecto Nikolajs Sidorkovs dieron vida al Parque Central, una verdadera «ciudad vertical» proyectadas para albergar a más de 12,000 personas con sus propias escuelas, comercios, museos y las icónicas Torres Gemelas.

Concebida por Daniel Fernández-Shaw Escario, destacan por ser estructuras de concreto armado sin núcleo central, un testigo de ingeniería antisísmica avanzada, capaz de resistir grandes terremotos.

El Teatro Teresa Carreño en Caracas fue proyectado en los años 70 e inaugurado en 1983, reconocido como el complejo cultural más grande de Venezuela y el segundo más importante de América del Sur, Calificado internacionalmente como una joya del brutalismo arquitectónico y una obra maestra de la integración entre arquitectura y arte cinético en América Latina. Críticos y expertos destacan su carácter monumental, su escala urbana y su innovadora permeabilidad espacial que conecta el edificio con el entorno natural del Parque Los Caobos.

Diseñado por los arquitectos Jesús Sandoval, Tomás Lugo y Dietrich Kunkel, para suplir la necesidad de una sala adecuada para la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Cuenta con dos salas importantes: La Ríos Reyna, sala principal para ópera, ballet y grandes espectáculos, con más de 2.000 butacas; y la Sala José Félix Ribas, para conciertos de cámara y otras presentaciones. Su forma hexagonal integra su materialidad en concreto armado, junto a la naturaleza en sus áreas externas y el arte cinético en sus espacios internos. Sus techos en concreto armado superpuestos crean un recorrido bien interesante con sus juegos de alturas y espacios abiertos convirtiéndose en un pilar de la arquitectura venezolana.

*Lea también: El reto no es tener más hijos, sino ampliar derechos, por Paula Narváez Ojeda

–El Poliedro de Caracas es otro hito del desarrollo urbano y tecnológico de la capital en su época de auge, diseñado para reemplazar el antiguo Nuevo Circo, adaptándose desde deportes, hasta ferias y conciertos fue realizado en 1974, por el arquitecto venezolano-británico Jimmy Alcock, en colaboración con los arquitectos e ingenieros Roberto Andrade y Héctor Hermida Díaz. Su emblemática cúpula geodésica de 145 metros de diámetro se basó en los conceptos originales del inventor y diseñador estadounidense Richard Buckminster Fuller. Esta estructura de granito y acero, apoyada en solo cuatro puntos, cubre 16.000 metros cuadrados sin columnas intermedias, logrando un espacio libre y flexible para eventos masivos. Retoma las ideas de la arquitectura geométrica y espacial de los años setenta.

Gisela Ortega es periodista

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.

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