Borges, Zapata y búsqueda de una caricatura, por Marcial Fonseca
El autor comienza pidiendo benevolencia y perdón por su desfachatez de escribir en primera persona, así sea camuflajeado, cuando trata del brillante caricaturista, pintor y humorista Pedro León Zapata y del gran Jorge Luis Borges, único escritor de habla hispana de nuestro tiempo que transcenderá los siglos y acompañará a Cervantes, a todos los del Siglo de Oro español y a Homero en el viaje hacia la posteridad.
La historia arranca cuando el primero publicó una caricatura, quizás en el día del libro o del Idioma, o una fecha similar (la memoria no da para tanto), y en su bocadillo aparecía «Hay dos clases de analfabetas, los que no saben leer y los que no leen». En ese entonces, el de estas líneas trabajaba en una empresa petrolera y acudió a un conocido en la gerencia de Relaciones Públicas para que le consiguiera el número telefónico de Zapata.
El autor se comunicó, explicó su interés en adquirir el dibujo en cuestión; claramente, si el costo estaba dentro de su presupuesto personal. Lamentablemente ese boceto lo había prestado Zapata para una exhibición en Cuba y no se la habían devuelto y él pensaba que nunca lo harían.
Aprovechó el momento y le preguntó si tenía algo sobre Jorge Luis Borges; respondió que las que había hecho estaban o vendidas o cedidas temporalmente, no recordaba muy bien. Acordaron en que la próxima que publicara en el periódico, el caricaturista se la donaría al autor.
Llegó la fecha apropiada, cuando el escritor hubiese cumplido el centenario de su nacimiento y es la que acompaña este artículo, bueno, la publicó doce días después. Al ir a recogerla, la conversación se movió a los posibles mejores relatos del sureño. Al autor le gustaba El inmortal y Emma Zunz; y como muestra de buen humor el personaje creado al alimón con Adolfo Bioy Casares.
Zapata coincidió con los dos relatos; y agregó que estaba de acuerdo con el personaje en comandita y recordó que estando encarcelado por un asesinato, dijera que en la cárcel había muchos individuos de dudosa reputación. Este presidiario era visitado por detectives para que los ayudara a resolver casos criminales.
Fueron de la misma opinión en que la mejor muestra de buen humor de Borges era su cuento Pierre Menard, autor del Quijote. En la trama, Menard quiso escribir nuevamente la historia de Alonso Quijano; y como era para los lectores de nuestros tiempos, nadie del pasado lo podría leer, pero claramente el impacto para los de ahora tendría que ser diferente. Así, Cervantes escribió (Primera parte, Cap. XXVI):
«–No, no –dijo el barbero–, Sancho Panza, si vos no nos decís dónde queda, imaginaremos, como ya imaginamos, que vos lo habéis muerto y robado, pues venís en su caballo. En verdad que nos habéis de dar el dueño del rocín o aquí se va a armar la marimorena»
Ahora, vean esto, vean cuán grande es Pierre Menard, ciertamente muy adelantado a su época; él escribió:
«–No, no –dijo el barbero–, Sancho Panza, si vos no nos decís dónde queda, imaginaremos, como ya imaginamos, que vos lo habéis muerto y robado, pues venís en su caballo. En verdad que nos habéis de dar el dueño del rocín o aquí se va a armar la marimorena»
Amigo lector, de seguro usted, siendo de estos tiempos, no pensará lo mismo que pensaron los lectores de la época de Cervantes cuando leyeron la misma cita en el Quijote, lo que hace completamente diferente el párrafo de Menard.
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Marcial Fonseca es ingeniero y escritor
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