Artistas plásticos venezolanos en el cine, por Valentina Rodríguez
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El pasado 28 de enero se cumplieron 129 años de la primera proyección pública de películas nacionales. Desde entonces se celebra el Día del Cine Venezolano. El realismo social y la denuncia han sido los géneros más abordados por los cineastas criollos. Pero también la industria local ha llevado a la gran pantalla la vida y obra de algunos de los grandes maestros de la plástica venezolana, con una sensibilidad muy especial, moviéndose entre el documental biográfico y la ficción poética.
Para conmemorar la fecha, esta semana voy a detallar cinco largometrajes –los recomiendo ampliamente– que capturaron la esencia, genialidad, visión e influencia de sus protagonistas -y de sus realizadores.
«Reverón» (2011), de Diego Rísquez, es quizás la obra más icónica sobre el Maestro de la Luz. Más que una biografía lineal, es una pieza sensorial que intenta capturar la obsesión del artista por la luz, sus muñecas de trapo y su retiro místico a orillas del mar en La Guaira.
La dirección de arte es fantástica y la actuación de Luigi Sciamanna (Armando Reverón) es insuperable, logra transmitir la genialidad y la locura del creador del El Castillete.
«Carlos Cruz Diez, la vida en el color» (2006), dirigido por Óscar Lucien, narra la vida del artista cinético, destacando su búsqueda del color, inicios artísticos y disciplina. Esta pieza de la serie documental «Retratos de un País» de Cinesa fue una de los primeros largometrajes que vi sobre un artista venezolano, una cinta que recuerdo con frecuencia; en especial una fragmento de las entrevistas con el artista, en el que confiesa que no tener los recursos, en el momento que se le ocurría algo, le impedían desarrollar su idea. La plasmaba en una hoja y la guardaba hasta que conseguía cómo hacerla.
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«Jesús Soto, el artista cinético» (2003), de Marilda Vera. Este documental, también de Cinesa, muestra de manera íntima, la esencia humana del bolivarense, su vida, su pensamiento y motivaciones; a través de valiosos testimonios e imágenes inéditas, que permiten conocer y comprender de cerca las dimensiones de su obra.
«El vendedor de orquídeas» (2016), de Lorenzo Vigas. El largometraje es un retrato íntimo y conmovedor de Oswaldo Vigas, una especie de road movie espiritual. La cinta muestra el regreso del autor de «Las Brujas», a sus 80 años, al pueblo donde creció, Tinaquillo (Cojedes), en busca de una pintura que perdió durante su adolescencia. Si la encuentra, él y su esposa, Jeannine, podrán completar una exposición sobre los inicios de su carrera.

«Free Color» (2020) dirigida por Alberto Arvelo, es la pieza más reciente, una que no amé tanto, pero que reconozco la calidad de su producción y el tino en el hilo conductor: la última obsesión artística de Carlos Cruz Diez, el Maestro del Color, por liberar el color del soporte.

Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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