Apuntalar el cambio, por Jesús María Casal
En estas semanas mucho se ha dicho y escrito acerca de las transiciones, hacia la democracia o hacia el interior del autoritarismo. Se examina lo ocurrido en el país y se asoman pronósticos o incógnitas sobre el porvenir.
Estos análisis ayudan por lo general a comprender los fenómenos en desarrollo; en algunos de aquellos se observa la tendencia a narrar los hechos como procesos en gran medida cerrados o concluidos, en una u otra dirección y no se tiene suficientemente en cuenta que está en curso una dinámica aún abierta a definiciones, en función de factores diversos, entre los cuales se encuentran las iniciativas que desde la sociedad tomemos o dejemos de hacer.
Hay incertidumbre, pero con distinto ánimo. Se expresan dudas porque no se puede ver aún con nitidez la orientación que van a tener los actuales acontecimientos, pero no se enfatiza igualmente la importancia de aprovechar las oportunidades que se abran o sean conquistadas para transformar el país en todas sus dimensiones.
La finalidad y alcance de los cambios que se logren dependerá en parte de lo que los actores nacionales demanden y puedan apuntalar. Hay un papel relevante para el liderazgo político y hay centros internacionales de enorme influencia, pero también e incluso frente a ello la acción ciudadana y de la sociedad en general es clave para contribuir a inclinar las cosas en sentido favorable a la democratización.
Son necesarios igualmente cambios en lo económico y social, y las transformaciones que comprenden lo político en situaciones como la venezolana suelen implicar gradualidad, pero incluso la gradualidad requiere pasos concretos y horizonte y aquellos serán parciales o fallidos si el entorno institucional permanece intacto.
No es poco lo que la sociedad puede hacer para ayudar a encaminar el nuevo «momento», mejor la nueva era, hacia la democracia.
La solidaridad que se ha expresado hacia los presos por motivos políticos desde distintos sectores sociales, exigiendo su liberación y el respaldo que algunas ONG han prestado ellos y a sus familiares en su lucha por la libertad es ejemplo de una actitud proactiva y no solo contemplativa. La conducta de los propios familiares de las víctimas, víctimas ellos mismos a la vez, con vigilias, reclamos insistentes, estimula y configura. La historia ofrece muchos ejemplos del sello que imprime a los hechos la acción ciudadana.
La Revolución Pacífica que tuvo lugar en la República Democrática Alemana en la ruta hacia la reunificación y democratización es inseparable de la determinación de quienes se congregaban los lunes en torno a templos religiosos con sus peticiones de libertad y democracia, sin esperar a que se decantaran completamente las corrientes políticas en pugna en lo nacional e internacional.
No faltan ejemplos en Venezuela. Cada realidad ha de ser evaluada para definir las iniciativas de carácter cívico apropiadas, pero lo que se quiere subrayar es que los actores sociales, comunitarios, culturales, académicos, sindicales, económicos, religiosos, entre otros, pueden coadyuvar, dentro de limitaciones que el contexto impone, a cincelar la obra en construcción.
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En lo político-institucional, la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho son derroteros fundamentales. Debe completarse la excarcelación y auténtica liberación de todos los detenidos por motivos políticos y esto dar paso al desmontaje de las estructuras y prácticas que hicieron posibles esas privaciones de la libertad. Han de encararse los desafíos de erigir un Estado de Derecho, asegurar el respeto y garantía de los derechos humanos y salvaguardar la libre expresión de la voluntad popular.
La recuperación institucional es una tarea compartida que debemos emprender con pluralismo e inclusión. No será fácil si es auténtica, como debe serlo. El Estado debe hacer cesar toda práctica y suprimir regulaciones que obstaculicen el debate público sobre las medidas que han de adoptarse y hay que promover espacios verdaderamente plurales que permitan canalizar el reclamo fundamental y mayoritario de cambio.
Jesús María Casal es Doctor en Derecho. Profesor Titular de Derecho Constitucional y ex Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).
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