Amnistía y juventud: memoria, resistencia y futuro, por Stalin González
Cada 12 de febrero, cuando Venezuela conmemora el Día de la Juventud, recordamos más que una fecha histórica: evocamos una gesta republicana. Desde los primeros años de nuestra independencia, los jóvenes han sido protagonistas de las luchas, de los avances y de la defensa de la nación.
No han sido espectadores de la historia, han sido sus actores principales. Han asumido responsabilidades que superaban su edad porque entendieron que había causas más grandes que sus propias circunstancias. Esa idiosincrasia no ha abandonado al joven venezolano, todo lo contrario, surge en cada momento de vicisitud que atraviesa el país.
La Batalla de La Victoria de 1814 simboliza ese espíritu. Aquel ejército compuesto en buena parte por jóvenes, menor en número, preparación y recursos, enfrentó a fuerzas realistas con una convicción que compensó cualquier desventaja.
En el papel parecía una lucha perdida, una misión suicida, pero esa generación demostró que la juventud es sinónimo de coraje cuando existe un propósito claro. No luchaban por gloria o riquezas, lo hicieron por la posibilidad de un país libre.
Décadas más tarde, la Generación del 28 volvió a recordarle al país que los jóvenes son conciencia crítica frente al autoritarismo. Enfrentaron la tiranía, la censura y la persecución con ideas, organización y determinación.
Así, a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, distintas generaciones han repetido ese patrón. Cuando la República se ha visto amenazada: la juventud ha estado en primera línea.
Hoy los jóvenes venezolanos enfrentan una realidad distinta, pero igualmente desafiante. Viven en medio de una crisis económica prolongada, con oportunidades limitadas, servicios públicos deficientes y un entorno marcado por la censura y la criminalización del pensamiento disidente.
Muchos han sido perseguidos por ejercer su derecho a opinar, a protestar o a participar en política. Algunos siguen resistiendo dentro del país, otros migraron buscando un horizonte que aquí no encontraron. Ambos caminos son legítimos. Ambos expresan el mismo deseo de vivir con dignidad y libertad.
Hoy en día cobra especial importancia la discusión que aún persiste en la Asamblea Nacional sobre la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática. Esta ley no debe ni puede ser un simple trámite legislativo.
Una amnistía bien concebida busca que nadie tenga miedo por pensar distinto, que se cierre el ciclo de persecución política y que todos aquellos jóvenes (y ciudadanos en general) que hoy se encuentran recluidos injustamente por razones políticas, puedan recuperar su libertad y reintegrarse plenamente a la vida pública.
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Para honrar la memoria de quienes defendieron y siguen defendiendo a la República, debemos comprometernos con un país donde la pluralidad sea respetada y donde el debate sustituya a la represión.
La amnistía debe ser un primer paso hacia esa democracia, hacia un escenario en el que las diferencias se tramiten en el marco de la ley y no del miedo. Trabajar por esa Venezuela implica crear condiciones para que quienes se quedaron puedan prosperar, para que quienes se fueron tengan razones reales para regresar.
También para que los jóvenes del futuro nunca tengan que elegir entre callar o ser castigados. La juventud venezolana ha demostrado que no se rinde. Ahora corresponde construir una República fuerte y democrática para todos los venezolanos.
Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
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