Alianza y aliados: ¿afinidad ideológica o realismo?, por Gonzalo González
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En determinadas circunstancias, los actores políticos recurren a las alianzas —que son la confluencia de dos o más factores políticos— por diversas razones: la ausencia de fuerza o influencia para lograr un objetivo, consolidar políticas o posiciones, preservarse, protegerse u otras motivaciones y propósitos. Pueden ser estratégicas o tácticas, de largo aliento o transitorias.
Sin embargo, en muchas ocasiones, los aliados los impone la realidad y no las afinidades ideológicas o de otra índole. En el devenir de la Historia se han concertado alianzas entre actores políticos que no guardan afinidad ideológica o política o cuyos objetivos, visión y misión son divergentes. El factor que las explica y hace de cemento y catalizador de las mismas suele ser aquello de: «El enemigo de mi enemigo es mi amigo»; realismo y pragmatismo puro y duro.
Los republicanos —no en lo referido a su adscripción partidista, sino en referencia al sistema político que se proponían instaurar— creadores de EEUU se aliaron con la Francia del «muy democrático» Luis XVI para poder derrotar a Gran Bretaña en la Guerra de Independencia.
Los gobiernos democráticos de EEUU —presidido por Roosevelt— y el de Gran Bretaña —cuyo primer ministro era Churchill— se aliaron con la Unión Soviética —gobernada por el comunista Stalin— para poder derrotar a la Alemania nazi —liderada por Hitler— en la Segunda Guerra Mundial. Alianza inédita e impensable antes del estallido de esa conflagración.
Podríamos glosar otros ejemplos, pero los citados por su envergadura y consecuencias explican a cabalidad cómo objetivos superiores posibilitan alianzas contra natura de acuerdo a ciertas lógicas.
Lo anterior es a propósito del ruido y el malestar generado en algunos sectores, tanto en Venezuela como en la comunidad internacional, por la alianza entre el liderazgo democrático venezolano y la administración Trump y por el rol relevante que está desempeñando EEUU en la presión creciente sobre el régimen chavista en aras de lograr una transición negociada o forzar su salida del poder.
Es complicado confluir con Trump por: su supremacismo racial, su carácter caprichoso, su concepción autoritaria y autocrática del ejercicio del poder, su visión transaccional de la política internacional, por el trato desconsiderado e inhumano que le da a la inmigración venezolana y al atropello al gentilicio nacional cuando homologa la condición delictiva de unos pocos con los de la mayoría honesta y trabajadora de quienes han emigrado a su país.
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Pero, tanto la realidad como el objetivo de lograr el cambio político se imponen. Los EEUU presididos por Trump son el único de los aliados del mundo democrático con la voluntad política y la disposición de los medios más eficaces para generar y ejecutar las amenazas lo suficientemente potentes y creíbles para torcerle la muñeca al régimen venezolano.
En muchas ocasiones se dice que para superar los obstáculos al cambio político habrá que «tragar sapos». La alianza con Trump es quizás una de esas ocasiones. Esa coincidencia no supone, necesaria o fatalmente, que el nuevo régimen a instalarse en Venezuela asuma la nefasta gobernanza trumpiana.
Gonzalo González es politólogo. Fue diputado al Congreso Nacional.
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