Aliados que se fueron, por Gregorio Salazar
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Cuando más apoyos está necesitando el régimen venezolano, el proyecto continental que se financió con ingentes recursos de Venezuela, aquel tan bien propagandeado «socialismo del siglo XXI», ha visto caer en menos de cuatro meses a tres de sus más firmes aliados: Bolivia, San Vicente y las Granadinas y Honduras, los dos últimos en apenas cuatro días.
Cuánto nos costó a los venezolanos financiar campañas electorales, fallidos programas populistas, redes de propaganda internacional, centrales sindicales, movimientos de izquierda radical más otros canales abiertos para la corrupción como la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), nunca lo sabremos.
Venezuela fue una regadera abierta de recursos para los socios ideológicos. Catorce países, por ejemplo, conformaron Petrocaribe. Recibieron petróleo y gas a precios que no volverán, proyectos de electricidad y obras de infraestructura de diversos tipos, salidos del generoso corazón del «líder galáctico» en nombre de la «solidaridad internacional». Para el ALBA se creó una moneda propia, el Sucre, que desapareció sin nunca rendir cuentas.
De ese modo, la «espada-chequera que camina» desparramó por América Latina la riqueza venezolana desde la Patagonia hasta Centroamérica, pasando por la cuenca del Caribe hasta llegar –ya está en los anales de Ripley—al corazón de Londres y distritos neoyorquinos y el África.
El «socialismo del siglo XXI» tuvo, como es historia, un autor intelectual en Fidel Castro y un dócil ejecutor en Hugo Chávez. Para el dictador cubano, visto el embeleso de su pupilo, ya no se trataba de exportar su modelo alentando movimientos guerrilleros como en los 60 y más acá, sino con la utilización de las mismas herramientas de la «democracia burguesa»: las elecciones. Claro, solo hasta donde aguantara el respaldo popular, como le pasó a Evo Morales en 2019 y luego a Maduro el 28-J.
La historia viene de vuelta y viene prácticamente con las manos vacías. Bolivia colapsó tras el agotamiento de su reserva gasífera sin desarrollar un modelo económico alternativo, pese a sus muchas riquezas. El gobierno de Lucho Arce, obstruido a muerte por Evo Morales, terminó sumido en una gran crisis social, atizada por la inflación, la falta de combustible, de divisas y de alimentos.
La primera vuelta de las elecciones del pasado 17 de agosto, redujo a la izquierda a poco más del 11 %, y prácticamente los borró del parlamento y de las instancias regionales de poder, mientras las fórmulas de la derecha y la centroderecha acapararon más del 85 % de los votos. Entre Morales y Arce, el MAS gobernó durante 19 años, menos el breve interinato de Jeanine Áñez.
San Vicente y las Granadinas vio salir del poder a Ralph Gonsálvez, quien después de sumar 24 años como Primer Ministro –y a pesar de sus 79 de edad– aspiraba otro mandato en las elecciones del pasado 27 de noviembre. Gonsálvez fue un útil operador político para el régimen venezolano por su figuración en el ALBA y al frente del Caricom en plenas tensiones durante la crisis regional por el referéndum del Esequibo. Su contendor, Godwin Friday, sacó una ventaja de más del 15 % al partido del “camarada Ralph”, que obtuvo un solo representante al parlamento: él mismo.

Apenas tres días después de las elecciones de San Vicente, rodó el gobierno zelayista de Xiomara Castro, que vio a su candidata Rixi Moncada relegada a un tercer lugar, con menos del 20 % de los votos. La derecha, que tampoco es que se ha lucido en el poder, recibió casi el 80% y hasta el viernes se dilucidaba quién será el ganador, entre Nasry Asfura y Salvador Nasrallah.
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Aunque el gobierno de Gabriel Boric nunca se identificó con el régimen venezolano, sí lo hizo la candidata oficialista Jeanette Jara, del Partido Comunista Chileno, quien ha opinado que en Venezuela «no rige una dictadura», sino un modelo distinto de democracia. Ganó la primera vuelta electoral con menos del 30 %, pero se da por descontado el triunfo de José Antonio Katz, radical de derecha, quien sumando el apoyo de los excandidatos y sus organizaciones rondará una votación superior al 70 %, como mínimo en la segunda vuelta del próximo 14 de diciembre.
De modo que en lo que respecta al ALBA, que ha dedicado sus últimas actuaciones solo al plano político, se han perdido tres miembros de gran importancia, tres votos duros y seguros que tenía el régimen venezolano en instancias internacionales, como la ONU o la OEA, la CELAC o la Unasur. El aislamiento regional es patente.
A pesar de lo dicho, esos tres gobiernos de izquierda distaron mucho de imitar el modelo abiertamente antidemocrático y negado a ultranza a la alternancia en el poder, categoría hoy reservada para Cuba, Nicaragua y Venezuela, el triángulo de las autocracias que perduran en América Latina y que ahora, a la luz de su propias crisis internas y los agresivos giros geopolíticos que intenta la administración Trump, parecen estar siendo empujados hacia la puerta de salida como nunca antes.
Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.
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