A sumar los delitos contra la humanidad, por Oscar Arnal
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La actual Corte Penal Internacional da pena, se equivoca, está descarrilada, sufre de atrofia y ceguera. Que el caso venezolano después de 27 años de violaciones continuadas a todos los Derechos Humanos: asesinatos, torturas y prisioneros de largas condenas que han sufrido las más inmorales violaciones, no haya sido sancionado es atroz.
La Corte ha condenado a otros líderes que están fuera del Estatuto de Roma, y ha dejado de condenar a otros como los del régimen Iraní, donde vejan y agreden a las mujeres, manteniendo a muchos además en el oscurantismo y la tiranía.
Sorprende también que a Maduro no lo hayan condenado otros países, bajo el principio de la jurisdicción internacional que señala que todo aquel que viole Derechos Humanos ha cometido delitos contra la humanidad y puede ser juzgado en cualquier parte del mundo.
La excepción la encontramos en Argentina donde hay una causa abierta contra el tirano.
Argentina es memorable también por haber juzgado a los nazi fascistas del propio gobierno de Videla, donde desaparecieron personas, y cometieron todo tipo de crímenes.
Hasta ahora las monstruosas violaciones a los Derechos Humanos no las tienen en los cargos en los EEUU y donde esperamos los sumen al expediente. El caso contra el general Pinochet sentó un precedente mundial.
En estos momentos definitivos para la patria, una condena a los que nos gobiernan sería justa y necesaria. A pesar de aquello que señala que justicia que no es oportuna no es justicia.
De cualquier manera y en este caso especialmente más vale tarde que nunca.
La prueba más clara de que Maduro y su combo se saben delincuentes la tenemos en su renuncia al Tratado de la Corte Penal Internacional, pero como dijo el líder refranero «tarde piaste pajarito»…
Algunos dicen «la justicia tarda pero llega».
Cuando la Hybris enferma a delincuentes como a Maduro, aparece de manera justiciera la némesis con el castigo ejemplar e implacable, como el que hoy sufre Maduro gracias a los EEUU.
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La Iglesia católica ha dicho que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz».
De la misma manera la justicia también conduce a esa paz hermosa que tanto proclamó el papa Juan Pablo II y que se encuentra como decía el Santo en la Civilización del Amor.
Oscar Arnal es profesor de Derecho Constitucional de la UCV
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