Cadáveres por desastres no representan riesgo sanitario, según la OMS y la Cruz Roja
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Cruz Roja han sostenido en guías previas, vigentes desde 2023, que los cadáveres producto de desastres naturales casi nunca representan un riesgo sanitario para las comunidades. Estos lineamientos cobran nueva relevancia en el contexto del terremoto que afectó a Venezuela el pasado 24 de junio
En medio de la emergencia que atraviesa Venezuela tras el terremoto registrado el pasado 24 de junio, cobran nueva relevancia unas directrices que la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación Internacional) y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) emitieron en septiembre de 2023 ante situaciones similares de desastre: los cadáveres producto de catástrofes naturales casi nunca representan un riesgo para la salud pública.
Según indicaron estos organismos en aquel momento, ante la pérdida masiva de vidas humanas en catástrofes o conflictos armados suelen surgir miedos infundados y malentendidos sobre el manejo de los cuerpos. Por ello insisten en que las comunidades deben contar con información clara para gestionar los cadáveres de manera segura y digna, lo cual resulta clave para el proceso de recuperación de las poblaciones afectadas.
De acuerdo con la OMS y la Cruz Roja, cuando ocurre un número elevado de muertes, la presencia de cadáveres genera angustia en las comunidades, lo que en ocasiones lleva a las autoridades a apresurar entierros en fosas comunes, ya sea por la urgencia de aliviar esa perturbación o por el temor —no respaldado científicamente— a que los cuerpos representen una amenaza sanitaria.
Las organizaciones advierten que una gestión deficiente de los cadáveres puede generar consecuencias negativas, que van desde malestar psicológico prolongado en los familiares hasta problemas sociales y jurídicos. Por el contrario, las inhumaciones bien gestionadas se caracterizan por tumbas individuales, localizables y debidamente documentadas, en sitios de entierro delimitados, de manera que se conozca la ubicación exacta de cada persona fallecida.
Estos lineamientos forman parte del manual conjunto La gestión de cadáveres en situaciones de desastre, elaborado por el CICR, la Federación Internacional y la OMS, que además recomienda no realizar cremaciones sin que se haya identificado con seguridad a la persona fallecida.
Los cuerpos rara vez transmiten enfermedades
Según explican estos organismos, las personas que mueren por traumatismos, ahogamiento o incendios —causas frecuentes en terremotos y derrumbes— no suelen albergar microorganismos que provoquen enfermedades, salvo que el fallecimiento se haya producido por una enfermedad infecciosa como el ébola, el cólera o la enfermedad de Marburgo, o que el desastre ocurra en una zona donde estas patologías sean endémicas.
El principal riesgo identificado se relaciona con los cuerpos hallados cerca de fuentes de agua, ya que pueden contaminarlas con materia fecal y elevar el riesgo de diarrea u otras enfermedades. Por ello, los organismos recomiendan evitar el contacto de los cadáveres con fuentes de agua potable.
«La creencia de que los cadáveres provocan epidemias no está respaldada por ninguna evidencia. Vemos muchísimos casos de confusión en los medios de comunicación e, incluso, entre algunos profesionales médicos», señaló en su momento Pierre Guyomarch, jefe de la Unidad Forense del CICR, citado en el comunicado original de estas organizaciones.
En la misma línea, Kazunobu Kojima, responsable médico de bioseguridad y bioprotección del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, pidió en 2023 a las autoridades de zonas afectadas por tragedias no apresurar entierros o cremaciones masivas, pues «la gestión digna de cadáveres es importante para las familias y las comunidades».
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Recomendaciones para las autoridades
Entre los puntos que destacan estos organismos internacionales se encuentran:
- Los procedimientos de inhumación o cremación deben respetar consideraciones culturales, religiosas y familiares, sin recurrir a fosas comunes o cremaciones masivas por la sola presión de la urgencia.
- El riesgo de epidemia por cadáveres es prácticamente nulo, salvo en casos de enfermedades infecciosas previas o zonas endémicas.
- Existe riesgo de diarrea por consumo de agua contaminada con materia fecal de cuerpos en descomposición, riesgo que se controla con la desinfección habitual del agua.
- Los entierros apresurados dificultan la identificación de las víctimas y la notificación a sus familiares.
- La cal en polvo no acelera la descomposición de los cuerpos ni es necesaria para su desinfección, ya que el riesgo de infección suele ser bajo.
- Tras el contacto con un cadáver, basta con lavarse las manos con agua y jabón o usar alcohol en gel.
Las tres organizacione, en situaciones de desastres, han reiteraado su llamado a las partes involucradas en desastres naturales y emergencias a respetar estos principios en el manejo de cadáveres.
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