«Aquí estamos como en un desafío»: El cambio en La Guaira a tres meses de los terremotos
Familiares no dejan de buscar a sus seres queridos entre los escombros de edificios, mientras avanzan las labores de remoción. En los campamentos transitorios prefieren guardar silencio por temor a ser desalojados y no recibir una vivienda. El paisaje de La Guaira ha ido mutando para dar paso a terrenos planos donde antes se levantaban conjuntos residenciales
En La Guaira los sonidos y el paisaje han cambiado. Donde antes se escuchaba música, el pasar constante de vehículos, los vecinos conversando, ahora apenas el silencio se ve interrumpido por taladros, las grúas o camiones que se ocupan de las labores de remoción de escombros. Casualmente jueves, este 24 de septiembre se cumplen tres meses de los terremotos que devastaron parte de este estado y varias zonas de Caracas, Miranda, Carabobo, Yaracuy y Falcón.
Según las autoridades, que no actualizan datos desde hace un mes, por el doblete sísmico fallecieron 6.509 personas, 6.462 fueron rescatados y 11 mil viviendas quedaron en alto riesgo. Nunca se divulgaron los nombres de las personas fallecidas, la cantidad de personas desaparecidas o los cuerpos que aún faltan por identificar.
«Aquí estamos como en un desafío, quién aguanta, quién se va», dice Dayana Delgado. Pero ella ha prometido no irse de los alrededores de las OPP 36 (urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi) hasta que encuentre el cuerpo de su hijo Breiner, de ocho años.
Ella dice que no está sola. «Me siento apoyada porque aquí están los muchachos rescatistas». Otra familia que ya consiguió a su ser querido también la acompaña. «La paz que siento aquí no la voy a sentir allá (en un refugio)», asegura Dayana cuando habla de los pocos momentos en los que ha estado alejada de los edificios donde tenía su vivienda, trabajaba y donde sigue enterrado su hijo.

«No me quiero ir hasta conseguirlo, yo se lo dije a todo el mundo», reitera la mujer, aunque eso implique separarse de su hijo mayor, quien tiene 16 años y debe empezar su año escolar. Se irá a casa de su abuela en Caracas para poder ver clases virtuales, pues la escuela donde estudiaba resultó seriamente afectada por el terremoto y el nuevo colegio es un preescolar que no está apto para recibir a una gran cantidad de alumnos.
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Ya son tres meses, dice, tratando de hacerse «la fuerte» hasta encontrar a Breiner. En este tiempo, comenta, se ha imaginado «cómo lo voy a encontrar, en qué estado estará» para no terminar de quebrarse al momento de culminar esa búsqueda que, a su juicio, «va lenta».
«La maquinaria va un poco lenta, todavía no ha bajado la capacidad de la torre como debería bajar», explica Dayana. Y es que luego de la implosión controlada de las torres que quedaron en pie en el urbanismo, entre esas la torre C donde vivía, le dijeron que «en tres semanas» iban a remover los escombros casi en su totalidad para poder llegar a la planta baja, donde presumen que se encuentra el cuerpo de su hijo y otras ocho personas.
El ingeniero Gustavo López, encargado de las operaciones de rescate de cuerpos y remoción de vestigios en la OPP 36, comenta a TalCual que esperan llegar a las losas de las torres A y B «la semana que viene» para retirar al menos 20 personas de los escombros. Luego de la implosión, dijo, se lograron retirar todos los cuerpos de la torre C.

Vista del urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi (Playa Grande). Un antes y después a tres meses de los sismos
«Sin embargo, no es un número exacto, ya que son los familiares que tenemos en el reporte. De igual forma, cuando realizamos la búsqueda se realiza de manera muy controlada» para no afectarlos, dice el ingeniero. Señala que en la operación participan al menos 100 personas en diferentes turnos «de lunes a lunes».
En la zona quedan seis carpas y menos de una veintena de personas que conviven con los trabajadores de la obra, el puesto de comando de la Guardia Nacional y Protección Civil, un ambulatorio improvisado y los que recuperan una sede del Consejo de Protección del Niño. Esta es la parte con mayor movimiento al inicio de la avenida principal de Playa Grande, pues los trabajos de remoción ya están casi listos en los bloques de Summa (urbanismo Hugo Chávez), mientras que edificios como Belo Horizonte, La Riviera o Los Dos Delfines ya fueron revisados y marcados con etiqueta roja, pero aún no hay movimientos para su demolición.

Conjunto residencial Los Dos Delfines. Un antes y después a tres meses de los sismos
Que haya menos personas no significa que las necesidades se han detenido, recuerda la mujer. «Necesitamos agua para tomar, hielo, aseo personal. Lo que teníamos ya se nos está acabando. Eso es lo que pedimos y que no se olviden que existimos… Que no se olviden que frente a Luisa Cáceres de Arismendi, las OPP 36, todavía hay personas y necesitamos manos para que nos ayuden», expresa Dayana.
Recuperarse, o intentarlo, en La Guaira
Pese a que decenas de familias se han mudado por cuenta propia o han aceptado ser recolocados en otros estados, todavía un gran grupo de guaireños se niega a abandonar los espacios donde nacieron o formaron familia.
Yurbis es una de ellas. La han llamado para reubicarla de un campamento transitorio en Las Tunitas a una vivienda en Anzoátegui, Trujillo, Margarita o Charallave. Pero su esposo es guaireño, comenta, y ella misma no cree poder adaptarse a otro estado. «Los que se han ido nos dicen que fue lo peor que pudieron haber hecho porque están en una zona donde no conocen nada».
«Yo tenía un local dentro del edificio (Luisa Cáceres de Arismendi), pero todo eso se perdió. Ahorita estoy haciendo las gestiones para ver si, por los momentos, me exoneran de unos créditos que le debo al banco porque cómo pago. Tenía créditos con el Banco Digital de los Trabajadores y el Venezuela. Tengo que ir a la Alcaldía también, porque ellos me dieron un crédito pero me falta poco para pagar», explica.
Además ya tiene una carta preparada para entregarle al padrino de su refugio, «al que no hemos visto», para que la ayuden al momento de salir de esas instalaciones o le brinden un espacio donde continuar el emprendimiento que mantuvo durante 14 años, la misma cantidad de tiempo que tenía viviendo en el urbanismo.

Vista parcial del edificio Belo Horizonte y Riviera. Un antes y después a tres meses de los sismos
Su esposo y Dayana Delgado también trabajaban dentro de ese local. «Ahorita estamos esperando a ver qué hacen con nosotros, a dónde nos van a reubicar pero yo no quiero vivir en un edificio, prefiero una casa. Están dando los 30 mil (dólares) para comprar, pero con eso no se compra nada. Es un crédito del Banco, pero como les debo no sé si me salga aunque un amigo dice que sí, que haga esa gestión. Lo otro es esperar».
Según el gobernador José Alejandro Terán, más de 11 millones de dólares han sido inyectados a la economía de La Guaira a través de financiamiento y apoyo productivo. Los recursos, ha dicho, han permitido preservar más de 10.000 fuentes de empleo directo en la entidad. Los primeros beneficiados con créditos y formación para emprendimientos estaban en el campamento de Guaicamacuto, pero esos beneficios no se han extendido al resto de las víctimas, comenta Yurbis.
La economía de La Guaira se moviliza en gran parte por el turismo playero. Hace una semana, el gobernador Terán dijo que más de 3.000 comerciantes participarán en la recuperación de kioscos, sanitarios y otras instalaciones en 43 playas que aún no están aptas al público. Al menos 1.178 prestadores de servicios ya están inscritos en programas de capacitación turística y se les entregará un subsidio temporal por el Sistema Patria durante las labores.
Otros sobrevivientes lograron reunir ahorros o hacer uso de instrumentos bancarios para poder procurarse nuevos ingresos. Ese es el caso de Yajaira*, quien trabaja para la administración pública pero está de permiso tras haber perdido su vivienda en Caraballeda.
Hace mes y medio, utilizó una tarjeta de crédito y compró frutas, vasos, cubiertos plásticos, un termo grande, y montó un puesto de tizana en una calle de la zona de Caribe. «Todos mis ahorros se perdieron en mi casa, yo tenía 1.200 dólares guardados. Me metí al mes para ver cómo estaba mi casa e intentar sacar lo que pudiera, pero lo poco que se podía salvar se lo robaron: ropa, zapatos, algunos enseres».

Vista de la avenida principal de La Guaira, zona Caraballeda. Un antes y después a tres meses de los sismos
Cuando reflexiona sobre el tiempo que ha transcurrido, Yajaira lamenta que las ayudas hayan disminuido para La Guaira. «Les pido que ayuden a las personas a ver si pueden tener su hogar nuevamente, fuentes de trabajo porque la gente lo necesita. Yo tengo mis necesidades pero he logrado resolver porque estoy trabajando. La ayuda que yo necesito es que vengan a comprar pero otra gente sí necesita comida, agua, cosas de primera necesidad».
Yajaira agradece que «no perdió tanto» como otras víctimas de La Guaira, pues su esposo, sus padres y algunos familiares directos quedaron vivos. «Yo dentro de cinco o diez años puede tener mi hogar, pero un familiar cómo lo recuperas, jamás».
Pero la situación no ha dejado de abrumarla. «El fin de semana fui a Los Caracas para bajar un poco la locura, pero cuando regresé me puse a llorar. Cada vez que paso por mi edificio me pongo a llorar porque ha sido difícil, perder tu casa, el hogar que construiste no es fácil».
Vivir entre escombros
El paisaje de La Guaira ha seguido cambiando tras los terremotos. De edificios a medio desplomar ya solo quedan terrazas aplanadas. En un tramo de Caribe ya no se observa el mar, sino una montaña de losas, piedras y cabillas retiradas de los conjuntos residenciales aledaños. Las carpas con lonas azules o blancas que marcan puntos de campamentos transitorios también se combinan con las viviendas que quedaron en pie, algunas sin mayores daños.
En el conjunto Luisa Cáceres de Arismendi, un trabajador de las obras comenta que esperan terminar para el mes de noviembre. «Esto va a quedar plano, como una terraza al igual que en otras edificaciones que ya se han derrumbado».

Un graffiti rojo que dice «estamos todos bien» marca uno de los bloques del urbanismo Jacinto Convit, ubicado en la zona de Caribe y rodeado por los vestigios de edificios como CoralMar, Coral Beach o Bahía Mar. Ahí vive Rogelina Charris junto a sus hijos, una hermana y otros familiares.
«Están haciendo la limpieza poco a poco porque esto no es fácil porque no fue un solo edificio, son muchísimos los que han caído. Todavía hay edificios que hay personas allí adentro», comenta la mujer, quien debe barrer cada cierto tiempo o echar agua en la acera para evitar que el polvo cubra toda su casa.
Rogelina comenta que «ni siquiera es fácil venir o caminar Caribe, es muy deprimente lo que se vivió y lo que seguimos viviendo. Tenemos la situación todavía palpable de todo lo que se cayó y todos los que murieron… Lo que esperamos es poder tener nuestras viviendas aptas para poder continuar y seguir adelante, no nos queda de otra sino continuar».
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En los campamentos de Summa, la remoción del acero y los paneles de los edificios ya forma parte de los sonidos diarios. Un hombre, que prefirió no identificarse, dice que los trabajos se han adelantando pero todavía no tienen fecha de reubicación a una vivienda segura. «Tampoco nos podemos quejar de nada acá porque ya nos han amenazado con sacarnos, con quitarnos los bonos».
Esperar con fe
Lilian Velásquez no ha dejado de buscar el cuerpo de dos seres queridos en la Guaira. Su hija, Beatriz, y su yerno, Argenis Terán, aparentemente aún se encuentran bajo los escombros de residencias La Estrella (Macuto), donde también se presume que hay otras nueve personas enterradas que vivían en el piso 1. Ella vive en Pariata y entre los turnos de su trabajo se acerca cada día hasta el edificio para ver cómo van las labores.
Funcionarios de la Guardia Nacional, del Ministerio de Obras Públicas y otros organismos hacen turnos para remover las losas, cabillas y todo el material. «Deben terminar de bajar todo eso (los pisos). Nos dicen que el edificio bajó (hacia el sótano). Ella vivía aquí desde hace ocho años pero yo no conozco mucho cómo era esa parte, pero tengo fe de que aquí debe estar porque no está en la morgue, no está entre los muertos, ni con huella la encontramos. Ella ese día habló que a las 5:50 de la tarde estaba aquí», relata Lilian.

Conjunto residencial Hotel Eduard’s (Macuto). Un antes y después a tres meses de los sismos
Velásquez pide, como tantos otros, que continúen las labores hasta dar con los cuerpos de todas las personas desaparecidas. «Yo espero encontrar a mi hija así sea detrás de los escombros. Tengo esa fe porque no la encuentro en otro lado y si estaba aquí, imagino que moverán alguna piedra y la encontrarán. Es duro, yo le pido fortaleza a Dios y a ella misma pero es muy duro. Son 11 personas que no han aparecido, pero no pierdo la fe».

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.











