Apagones, incertidumbre y resignación, realidad que hay que cambiar, por Stalin González
Durante años, millones de venezolanos han aprendido a vivir pendientes de algo que debería estar garantizado: la electricidad. Organizan sus rutinas en función de los apagones, temen por los daños a sus electrodomésticos y enfrentan con resignación interrupciones que afectan su trabajo, su descanso y su calidad de vida.
Lo que debería ser un servicio básico se ha convertido en una fuente permanente de incertidumbre.
Recorrer Venezuela es encontrarse con historias distintas que comparten una misma preocupación: la incertidumbre que generan las constantes fallas eléctricas. No importa si se trata del oriente, los Llanos, los Andes o el occidente del país. Cambian los paisajes y las comunidades, pero el problema sigue siendo el mismo.
Bajones de luz diarios. Cortes inesperados. Horas de incertidumbre.
Familias que no saben cuándo regresará el servicio. Personas que han tenido que adaptar su vida a una falla eléctrica que puede ocurrir en cualquier momento.
A los venezolanos se les ha obligado a convivir con una situación que nunca debió normalizarse: depender de un sistema deteriorado por años de malas políticas públicas, corrupción y desidia.
Para demasiadas familias, la inestabilidad se ha convertido en parte de la cotidianidad.
Quien trabaja durante toda una jornada espera regresar a casa para descansar. Sin embargo, muchas veces se encuentra nuevamente con la oscuridad.
La noche transcurre entre interrupciones, calor, preocupación y frustración.
Los alimentos se dañan por falta de refrigeración, los electrodomésticos sufren las consecuencias de los constantes bajones y, al día siguiente, la rutina vuelve a comenzar. Este desgaste no solo afecta las condiciones materiales de vida, también impacta profundamente la salud mental y el bienestar de las personas.
Las consecuencias también alcanzan a la economía. Cada interrupción eléctrica representa pérdidas, retrasos y obstáculos para quienes producen y generan empleo.
Un comercio sin electricidad reduce su capacidad de operación. Un emprendimiento sin estabilidad energética encuentra más dificultades para crecer.
Una economía marcada por la incertidumbre eléctrica enfrenta enormes limitaciones para desarrollarse.
Sin producción, sin empleo y sin salarios dignos, resulta mucho más difícil construir oportunidades para todos.
Hace poco estuve en El Tigre participando en una actividad política de mi partido. Durante todo el evento no hubo electricidad.
En Monagas vivimos una situación similar en una sola noche llegamos a contabilizar cerca de veinte bajones eléctricos.
Historias parecidas escuchamos en Mérida, Zulia, los llanos y muchos otros estados del país.
No se trata de un problema aislado o regional, es una realidad nacional que afecta a millones de venezolanos.
Aunque se haya vuelto frecuente, jamás debemos aceptarla como normal. No es normal que un país no pueda garantizar a su población un servicio tan esencial.
Esta semana fue aprobada la reforma de la Ley Orgánica del Sistema y Servicio Eléctrico.
Desde nuestra fracción parlamentaria respaldamos esta iniciativa porque entendemos la necesidad de atender uno de los problemas que más impacta la vida cotidiana de los venezolanos.
El país necesita avanzar en la recuperación de su sistema eléctrico. El país necesita soluciones.
Sin embargo, la magnitud del problema exige mucho más que reformas legales. Requiere planificación, mantenimiento, inversión y una gestión eficiente que permita ofrecer resultados concretos.
*Lea también: Sin electricidad no hay transición, por Leopoldo Martínez Nucete
La electricidad no es un privilegio, es un servicio fundamental para el funcionamiento de los hogares, hospitals, escuelas, comercios y empresas. Por eso, cualquier esfuerzo de recuperación debe traducirse en mejoras reales para la gente. Nadie debería pasar roncha por acceder a un servicio básico.
Todavía queda mucho trabajo por hacer. La recuperación del sistema eléctrico debe convertirse en una prioridad nacional.
Cada avance significará más tranquilidad para las familias, más oportunidades para quienes producen y mejores condiciones de vida para todos los venezolanos.
Recuperar la electricidad es también recuperar calidad de vida, bienestar y posibilidades de futuro.
Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
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