Voto colombo-venezolano: un ejercicio de memoria activa frente al fantasma del chavismo
Para los más de dos millones de venezolanos en Colombia, las presidenciales se convirtieron en un laberinto. Ante la indiferencia de los candidatos hacia la agenda migrante, la comunidad colombo-venezolana dio sus votos con la mira puesta en evitar el colapso institucional y alejar los hilos del chavismo
Fotos: María de los Ángeles Graterol
Colombia, el segundo hogar de más de dos millones de venezolanos, encara un proceso electoral presidencial donde el fantasma del modelo progresista de Hugo Chávez y su «Revolución del Siglo XXI» persigue de cerca a quienes reconstruyeron su vida de este lado de la frontera. Tras huir de una crisis económica y política que aún persiste en su país de origen, la comunidad colombo-venezolana mira los comicios de este domingo 31 de mayo con una mezcla de inquietud y responsabilidad histórica.
Con Iván Cepeda, del Pacto Histórico, como uno de los candidatos que pasa a la segunda vuelta, tras sacar el 40,2% de los votos, con poco más de nueve millones de sufragios, el fantasma de un cambio radical pesa sobre el electorado que ya vivió esa historia. Él es el rostro del oficialismo en una tarjeta electoral donde otros 14 contrincantes, entre propuestas de derecha, ultraderecha y centro izquierda, tuvieron un reto doble: vencer la apatía de un país donde la abstención en las legislativas de marzo superó el 50%, y seducir a los dos millones de colombo-venezolanos habilitados para sufragar.
Este grupo no es una minoría silenciosa. Gaby de Meneses, presidenta de la Fundación Taap (Taller de Aprendizaje para las Artes y la Paz), dijo que representan alrededor del 5% del censo electoral. Se refiere a los 55.000 venezolanos registrados, a los más de 600.000 colombo-venezolanos y al 1.400.000 colombianos retornados e hijos de colombo-venezolanos que ya pueden votar. Para ella, son un bloque con el peso suficiente para definir una segunda vuelta si las diferencias son estrechas, que es el caso, pues Abelardo de la Espriella, el otro candidato ultraderechista que en 28 días contrincará en las urnas, sacó apenas 3,2% más respecto al de la tolda morada.
De allí que para Gaby su elección en las cajas de votación fuese más que un trámite. Lo consideró «un ejercicio de memoria activa, de defensa democrática».

Las encuestas daban como ganador a Iván Cepeda en la primera vuelta, pero el verdadero golpe lo dio el ultraderechista Abelardo De la Espriella en las urnas, tras sacar casi 10 millones
«Existe una gran preocupación cuando vemos un candidato que tiene un discurso similar al de Chávez y Maduro (en referencia a Cepeda). En sus alocuciones ha dejado claro que está del lado de una ‘revolución permanente’. Sabemos cómo, a largo plazo, este tipo de revoluciones significan un atropello a los derechos humanos», advirtió Gaby, quien aseguró que esas alarmas influyeron directamente en su decisión.
Porque sí, para ella votar en Colombia es también una reivindicación de su propia historia. Lo ve como un ejercicio ciudadano que tiene mucho más peso que solamente llenar el tarjetón. «Aquí sabemos que estamos ejerciendo un derecho que para muchos de nosotros fue imposible ejercer en Venezuela, al tener un voto libre, secreto, el resultado no está decidido nates de que se abran las urnas», señaló.

En Colombia, las mesas electorales cerraron a las 4:30 de la tarde
Esa misma desconfianza hacia los cambios drásticos es lo que hace que otros electores miren con lupa las propuestas de reformas del actual gobierno. Alejandro Granados, que se fue de Cartagena a Caracas a los 12 años y retornó a Bogotá en 2021, coincide en que la sociedad colombiana no ha dimensionado lo frágil que puede ser una democracia. En él, las alarmas se enciendieron, especialmente, después de haber escuchado hablar de una asamblea constituyente.
«Cuando escucho a Petro y a Cepeda hacerle ojitos a una constituyente, hablando en nombre del pueblo y de que las reformas que les bloquearon deben ejecutarse por ahí, es donde yo me detengo y digo: ‘Uy, ya va, espérense’. La constituyente es una caja de pandora», explicó Alejandro, quien desde un centro electoral de Soacha, al sur de la capital colombiana, también confesó que teme que se derriben los contrapesos institucionales para pasar a un modelo presidencialista similar al venezolano.
Sin embargo, para él, la respuesta al miedo no fue irse al otro extremo, sino buscar una opción en el centro con Sergio Fajardo. «Admito que no fue por tener un atractivo muy marcado por su propuesta, sino más bien por distanciarme de los polos. Quiero creer que existe una vía mucho más moderada que la que está ahorita en la agenda pública, donde los candidatos con más votos están en extremos completamente excluyentes. Fajardo parece aglutinar una propuesta mucho más ecuánime».

Alejandro tiene 29 años y vive al sur de Bogotá, donde se concentran casi medio millón de venezolanos, según números de Migración Colombia de 2024.
Al final, para los colombo-venezolanos esta elección terminó siendo un laberinto. En esta campaña nadie hizo la causa migrante su bandera; a ningún candidato le importó meter demasiado el tema de la integración en sus promesas. Para la comunidad, la prioridad en la urna se volvió el día a día: la seguridad, la economía y la salud. Saben que si el sistema en Colombia colapsa, no habrá forma de quedarse.
«Es primordial que llegue a la presidencia alguien que resuelva esos temas. Si no, no va a ser posible la permanencia de migrantes. Si todo lo demás del sistema está colapsado», agregó Gaby de Meneses.
Lo que sí terminó de armar polémica en las filas fueron los nexos de los que van punteando en los boletines de la Registraduría Nacional. Por un lado, a Iván Cepeda los colombo-venezolanos le cobran haber elogiado en sus tiempos de senador a Hugo Chávez como «el arquitecto de un nuevo orden». Y por el otro, en la ultraderecha con Abelardo de la Espriella, pesa demasiado que haya sido el abogado del empresario colombiano Alex Saab, ahora en Estados Unidos tras haber sido entregado a la justicia norteamericana por el mismo chavismo, ese que lo convirtió en el testaferro de Nicolás Maduro.

Apenas hace una semana, una investigación sacó a la luz que De la Espriella recibió pagos de hasta 375.000 dólares de las empresas que Saab usaba para sus negocios ilícitos en Venezuela. Sí, de la misma plata de las bolsas CLAP. Para una migración que huyó justamente del control social y del hambre, ver que los hilos de esa historia aparecen en los dos extremos del tarjetón es un golpe duro.





