Sin casa ni resguardo: lluvias agravan vulnerabilidad de damnificados por terremotos
Ante un clima hostil y alertas de nuevos temporales, los damnificados en el centro de Caracas parapetean como pueden sus carpas mientras se debaten entre la intemperie y el riesgo de refugiarse en edificios en construcción
Para decenas de familias damnificadas por el sismo del 24 de junio, las recientes lluvias en Caracas convirtieron la espera por sus viviendas en una nueva emergencia bajo la intemperie.
«Esto se nos inundó todo. Esto era como una manguera de agua aquí adentro. Horrible», relata Mari Montier desde la avenida Bolívar. Cuando cayó el temporal entre la noche del sábado 15 y la madrugada del domingo 16 de agosto, la prioridad fue alzar los cables a los que están conectados los ventiladores con los que combaten el calor del día para evitar un cortocircuito, mientras el viento derribaba un árbol que destruyó tres toldos vecinos.
La tormenta trajo consigo una plaga insoportable de mosquitos que dejaron su estampa en el rostro de Mari y malestar de gripe. Pese a todo, celebra con resignación que al menos sus colchones ya secaron. Se niega a abandonar la acera frente al urbanismo Óscar López Rivera, donde está su apartamento. «Si uno no está pendiente de lo de uno, nadie más lo va a estar. Me dijeron que nos iban a mandar para un refugio. No, mija, nosotros venimos de cinco años de refugio», sentencia.

A pocos metros de allí, a las afueras del Nuevo Circo, frente al Gran Misión Vivienda Ojos de Chávez, Yusmary Sucre vive una pesadilla similar. Su familia de diez integrantes se reparte en tres pequeñas carpas que terminaron empapadas cuando el peso del agua colapsó la estructura de los toldos que debían resguardarlos de la lluvia. Su esposo tuvo que improvisar soportes con tubos y pedazos de madera que encontró en la calle, además de atornillar las patas del toldo a la acera para que no saliera volando.

Tras el paso de la Onda Tropical N° 37, que dejó la mayor precipitación diaria registrada este año en Caracas según datos de la Estación de Hidrometeorología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) prevé que las lluvias continuarán con igual intensidad, al menos hasta el 22 de agosto, por el paso de la tormenta tropical n° 38.
A sabiendas de esto, Yusmary pensó con su familia recoger las carpas y meterse directamente en el edificio, incluso si todavía está en obras. No obstante, está clara de que otros vecinos que tuvieron las mismas intenciones no los dejaron quedarse, especialmente después del temblor de magnitud 4 que sacudió la capital en la mañana de este martes 18. De todos modos, alejarse del edificio no es una opción para ella. «Si tenemos que mojarnos, nos mojaremos, ¿qué podemos hacer? Si nos vamos, la reconstrucción será más lenta».

Esta misma disyuntiva se repite a lo largo de la avenida Bolívar. Allí, la tormenta dejó a Yamile Farías con fiebre, gripe y picos de tensión arterial tras pasar el vendaval del sábado cobijada bajo un plástico mojado, mientras rezaba para que la estructura del toldo no le cayera encima. «Nosotros estamos aquí improvisados. Y estamos expuestos a que con la lluvia no sabes qué pasará», lamenta.
A diferencia de varios de sus vecinos, que ante el miedo y la falta de soluciones optaron por meterse a sus respectivos apartamentos todavía a medio hacer, ella permanece abajo, en la calle, reparando como puede su pequeño refugio, antes que arriesgarse dentro de una estructura inconclusa.

Pese a que la alcaldesa Carmen Meléndez anunció que fueron desplegadas brigadas para despejar vías y ejecutar labores de limpieza en las alcantarillas a propósito de las lluvias, las 65 personas que se refugian en el estacionamiento del Museo Cruz-Diez fueron víctimas de la falta de mantenimiento preventivo.
«Todo se nos llenó de agua porque el desagüe de la entrada está tapado. Nos llegaba a los tobillos. Los niños estaban asustados, pegando gritos. Estábamos nadando, prácticamente. Fue feo. No dormimos sacando agua», relata Carmen Rojas sobre la noche del sábado. La lluvia del lunes 17, aunque más suave, igual inundó el campamento improvisado.
Carmen espera que alguna de las organizaciones religiosas que les han tendido la mano les done lonas plásticas para recubrir sus toldos o colchones nuevos. La lluvia hizo de las suyas con los que tienen y, por más que los pongan a secar al sol, el olor a humedad es cada vez más fuerte.
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