«La cárcel en Venezuela es un campo de concentración», afirma peruano excarcelado
El peruano Marco Antonio Madrid fue detenido a finales de 2024 por funcionarios de la Dgcim en Valencia, estado Carabobo, y luego acusado por una presunta conspiración. Denunció que en la cárcel del Rodeo I, donde estuvo incomunicado más de seis meses, fue víctima de torturas por parte de los custodios
Las prisiones en Venezuela «no son cárceles, son campos de concentración», asegura el peruano Marco Antonio Madrid, quien hace dos semanas fue liberado de un encierro de más de un año con «golpes, maltratos y vejaciones» que le hacían pensar que cualquier día iba a ser el último de su vida.
Madrid, en una entrevista con la agencia EFE, rechaza ser denominado como un preso político, pues afirma que –junto a otros extranjeros– fue un «secuestrado por la organización criminal que rige Venezuela» frente a las presiones internacionales recibidas.
Marco Antonio Madrid llegó a Venezuela a inicios de 2024, y se instaló en Valencia (estado Carabobo) junto a su esposa para desarrollar un ‘call center’ (centro de llamadas). Antes de navidad, funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) lo visitaron para que acudiese a reconocer al español Ernesto Gorbe, un compañero suyo de trabajo detenido días antes.
«Yo les acompañé voluntariamente y ahí empezó todo. Me pidieron mis documentos y me realizaron una cantidad de preguntas. Ahí descubren que todos mis documentos están legales y que no existía ningún motivo para detenerme, pero me quitan mis pertenencias y me secuestran. Me llevaron a un calabozo», relata.
De ahí, fue llevado a Caracas, a «un sótano donde tienen a la gente durmiendo en el suelo con la misma ropa con la que llegan, sin luz del día y el agua para bañarte completamente gélida».
Torturas y castigos recurrentes
Luego de diez días, le dijeron que iría a la oficina de Migraciones, pero acabó en la cárcel de El Rodeo I, con celdas que «tienen 3 metros de largo y 2 de ancho, con una litera para dos presos, un agujero para defecar y un tubo del que salía agua con óxido.
«Son condiciones ya no inhumanas, sino deplorables donde te intentan anular como ser humano», indica Madrid, que fue acusado de un supuesto complot contra el gobierno, obligado a firmar documentos judiciales «encapuchado, esposado y con un (fusil) Kalashnikov al lado».
Al tercer día en prisión fue testigo del intento de suicidio de un yemení, y poco a poco conoció a otros extranjeros en situaciones similares.
«Los famosos custodios eran jóvenes de menos de 25 años. El trato era bastante hostil. Teníamos que someternos a torturas, golpes y diferentes castigos», explica Madrid.
«Uno de los castigos que sufrí fue el cuarto del silencio: te encapuchan, te enmarrocan (esposan) y te llevan a un cuarto completamente oscuro donde no puedes hablar ni siquiera para solicitar permiso al baño», detalla.
Transcurrieron más de seis meses para que Madrid pudiera tener contacto con su familia, una incomunicación que les llevó a distintos motines dentro de la cárcel. «Era para saber si nos iban a matar. Provocábamos porque la tortura era muy grande. Estábamos incomunicados, no sabíamos si nuestras familias sabían de nosotros o si al día siguiente nos iban a pegar un tiro», cuenta.
Luego vieron que las llamadas eran «pruebas de vida para que los familiares presionasen a sus gobiernos a negociar», y por ello habla Madrid habla de un «secuestro».
Las únicas noticias del exterior llegaban por otro «castigo muy peculiar»: escuchar por megafonía las transmisiones de los programas televisivos de Maduro y Diosdado Cabello. «‘Es para que entiendan nuestra lucha’», recuerda que les decían los carceleros.
Así supieron del despliegue militar que EEUU en el Caribe antes de la captura de Maduro, y a finales de 2025 «gente con turbante empieza a entrenar a los custodios». «Esto no es mentira, no me lo han contado. Lo he vivido y visto con mis propios ojos», señala.
«A inicios de 2026 cancelaron las visitas y nos aislaron completamente. Redoblaron la seguridad y empezaron a uniformarse como para la guerra. Nosotros nos asustamos. Pensábamos que llegó nuestra hora», rememora Madrid, que una vez fuera de prisión no deja de pensar en los que quedan dentro.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.





