ENTREVISTA | Carlos Jairran: «Mi necesidad ha sido, pues, llenarme las manos de barro»
Oriundo de Cagua, estado Aragua, Carlos Jairran cree en la escultura como una fuente inagotable para comunicar. El joven escultor y artista plástico ha visto en el Parque de Los Escritores una oportunidad para volcar su mundo interno en el espacio público
Autor: Constanza Cegarra | Fotos de esculturas: Luna Perdomo
En el Parque de Los Escritores, la literatura dejó de estar únicamente en los libros para ocupar un lugar en el espacio público. Allí, los rostros de Borges, Rómulo Gallegos, Federico García Lorca, Wisława Szymborska, Rafael Cadenas y Gabriel García Márquez no aparecen como bustos solemnes e inmóviles, sino como esculturas vivas, cargadas de gestos, símbolos, texturas y relatos ocultos en cada detalle.
Detrás de estas piezas hay una búsqueda que va más allá del retrato: convertir la obra de cada autor en materia, movimiento y presencia. Desde un minotauro que acompaña a Borges hasta los guiños literarios que habitan la espalda de cada escultura, el artista propone una forma distinta de acercarse a la memoria, a la ciudad y a la literatura.
En esta entrevista, el escultor habla sobre el origen del proyecto, su fascinación por Caracas, el proceso artesanal detrás de sus obras y la necesidad de dejar una huella humana en el espacio público.
—¿Cómo llegó a ti este lienzo en blanco del Parque de Los Escritores?
Bueno, este fue un proyecto que, como pasa muchas veces en el mundo del arte, cambia mucho en el camino. Todo comenzó cuando se me pidió hacer una una maqueta de Jorge Luis Borges, me pidieron un busto y yo ya venía con la inquietud de hacer una escultura de Asterión, del Minotauro. Digamos que es de mis cuentos favoritos, es uno de los más conmovedores de Borges y yo sentía ganas de esculpir eso que él describe allí, ese minotauro solitario. Entonces, este busto de Borges era como la excusa perfecta para que esa escultura del Minotauro estuviera allí.
Planteé esta escultura en 2018 y no se hizo posible, no se consiguió financiamiento. Esto era un proyecto de la embajada argentina y bueno, se insistió. Incluso hicimos un recorrido para ver en qué lugar de Caracas podría instalarse esta escultura.

Jorge Luis Borges
Hubo muchas opciones y bueno, yo no sabía que existía el Parque Vizcaya hasta 2022, cuatro años después. Entonces me dijeron «bueno, la escultura va a ser instalada acá», y obviamente se aprobó el proyecto después de cuatro años de espera, después de cuatro años de planteamiento y de búsqueda.
La Alcaldía de Baruta absorbió el proyecto, lo asumió y no solo lo financió, sino que buscó la forma de que se expandiera. Pero eso también fue gracias a los vecinos y distintas embajadas que han insistido en querer ver a otros autores acá, sobre todo venezolanos, y de allí vino la idea de crear una escultura de Rómulo Gallegos, y bueno, las que le siguieron.
—¿Cómo surge el concepto detrás de estos bustos que son muy particulares porque están llenos de movimiento, de expresividad y sobre todo, están llenos de humanidad porque están cerca de la gente?
La escultura es real, es palpable, es transitable. No es como una pintura que presenta una virtualidad, aquí se presenta una realidad que podemos recorrer y puede presentar muchísimas profundidades, muchísimas visuales.
Cuando me plantearon la idea de hacer un busto, me costaba pensar en un busto tradicional, el del formato que parece una foto carnet. Yo me dije: «esto tiene que ser algo elocuente, tiene que ser algo que no solo retrate al autor, sino también la elocuencia de este».
Entonces, parte de la tarea fue mirar videos de estos autores conversando, ver cómo gesticulaban y cómo se expresaban, hacer el retrato es también mirar esa parte: la elocuencia, la expresividad y obviamente el carácter de todos estos personajes.
Quizás no es un retrato fiel ni fotorrealista, la verdad no me interesa tanto eso, sino más bien, lo expresivo, incluso exagerar ciertos rasgos para quizás acentuar un poco más ese carácter.
¿Y qué pasa detrás de la escultura? Es un buen espacio para integrar algo que haga que pique la curiosidad para conocer al autor ¿Qué es eso?¿Qué hay allí?¿Por qué hay un hilo de sangre recorriendo toda la escultura?¿Por qué hay un minotauro detrás de Borges?¿Por qué hay un laberinto?¿Por qué hay una niña llorando detrás de (Federico García) Lorca?

Federico García Lorca
Todas esas cosas son una invitación a que conozcan y se conecten no solo con el autor, sino también con todo el universo y el imaginario que plantean estas estructuras que viene directamente de sus novelas, de poemas, de distintas creaciones de estos autores.
—¿Cómo fue evolucionando el proceso de crear estos bustos desde el primero que fue Jorge Luis Borges hasta el de Gabriel García Márquez que acaba de ser inaugurado?
Al hacer a Borges, yo no tenía pensado que se iban a hacer otros escritores, y cuando me pidieron el mismo formato con otros autores, la tarea fue revisar sus obras para ver cómo podía jugar con todos esos elementos.
En 2018, cuando Borges era maqueta, me pidieron hacer a Giuseppe Verdi para la Asociación Giuseppe Verdi. La ópera es genial, tiene demasiados elementos, demasiadas cosas y me conecté mucho con «El Coro de los Esclavos», y les pedí a mis amigos migrantes, porque este coro es de personas que lloran esa tierra prometida, que me enviaran fotos de ellos expresando un poco eso. Hice un total de 20 caras que recorren toda la espalda de Verdi.
Toda esta composición ocurre porque hay un acercamiento a la obra y la experiencia me ha hecho mejorar muchísimo a nivel técnico, siento que he aprendido a modelar. Uno ve que entre Borges y García Márquez hay un salto bastante grande a pesar de que se mantiene un lenguaje, se mantiene una visión. Siento que incluso yo me quisiera arriesgar más.

Gabriel García Márquez
Cada obra presenta un reto distinto. Creo que también me han abierto la mente, porque yo solía esculpir solo figuras humanas como lo que está referenciado en García Márquez con Remedios y La Bella, pero, cuando vi la obra de (Rómulo) Gallegos, me pareció muy importante incluir allí un caimán, pero yo nunca había esculpido un caimán. Yo no soy de esculpir animales, pero ver las texturas de ese animal me pareció sumamente atractivo y dije «menos mal que hice esto porque me ayuda para hacer otras cosas».
—¿Crees que la escultura ha sido tu herramienta para transmitir tu mundo interno?
A pesar de que estas obras hacen referencia a obras de autores, lo personal está muy presente. Asterión es un autorretrato, el gato en un piso vacío de Wisława Szymborska también está presente por algo muy personal.

Wisława Szymborska
El poema «Pasatiempos» de Rafael Cadenas está allí porque fue el poema que yo decidí usar en esta obra y es por algo particularmente, habla de un proceso interno creativo. Y bueno, si ves en García Márquez todas las cosas que retraté allí también, están presentes por una cosa personal. Hay temas de amor, temas de política, temas de guerra, temas de muerte, temas familiares.
¿Por qué no incluir eso? Si me afecta y de algún modo siento que es una forma de poder mostrarlo al mundo sin necesariamente decir que «esto es mío». Creo que también algo bien importante es que puedo ser sincero y que eso quizás se pueda notar en la obra.
—¿Qué sientes que te define a ti como escultor?
Creo que una de las cosas que me definen es el cómo compongo las esculturas. Y creo que eso tiene que ver un poco con el movimiento.
Digamos que uno de mis referentes más directos es la danza. Yo no hago danza, de hecho me muevo poco con mi cuerpo, pero sí me siento muy atraído hacia cómo algo estático, inerte, de un material rígido como el bronce, puede transmitir esa idea de movimiento.
Entonces es paradójico, pero al mismo tiempo siento que es lo que le da el sentido de narrativa a la escultura, es mi forma de plantearlo. Siento que a veces puede que sea un poco barroco, un poco teatral, quizás un poco dramático, pero es mi forma de versionar estos personajes.
Creo que todo influye. Vengo de leer y dibujar cómics, de apreciar mucho la danza, del stopmotion. Vengo de una fascinación por Caracas que es una ciudad sumamente dinámica, donde pasan mil cosas al mismo tiempo, donde el dinamismo está presente en todo.
Entonces, no puedo quedarme quieto en las esculturas, es una forma también de que todo eso esté encapsulado allí, en un objeto.
—¿De dónde sale tu inquietud por hacer esculturas para el espacio público?
Viene, justamente, de la fascinación por Caracas.
Yo vengo de una ciudad pequeña, de Maracay, donde me formé muy alejado del arte. Digamos que no tuve una formación artística en mi infancia, sino que fue muy vocacional, fue muy de estar con los materiales trabajando. Pero cuando salía, estaba muy presente ver algunas esculturas en la calle.
Eran poquitas, pero había unas que me generan una fascinación tremenda y cuando llego a la universidad y me mudo a Caracas, fue muy inquietante ver estas torres altísimas, ver tantos lugares donde yo quizás me imaginaba «oye, aquí vería bien una escultura allá, muy arriba, muy alto».
Siempre me lo imaginaba caminando por el bulevar de Sabana Grande. Allí hay varias esculturas, pero veía ciertos edificios que me parecían muy atractivos, y me decía como que «aquí sería muy interesante una escultura saltando esta cornisa», y lo llegué a hacer en 2013 con una intervención que se llamaba «Dimensiones del Movimiento» en la fachada de lo que era el Ateneo de Caracas, que ahora es un Unearte. Era un grupo de bailarinas saltando de la ventana.

Rafael Cadenas
¿Entonces, qué pasó allí? Se creó una tensión entre el público y la estructura. No era esa interacción de museo o de galería, sino más bien una ruptura con la cotidianidad de esas personas que transitan por ahí diariamente. Y es muy interesante que pase, porque mi propuesta es eso: cómo el público, cómo el transeúnte se involucra con la escultura.
He viajado a Europa y he visto cómo la gente interactúa con estas obras (públicas) y me pongo a pensar: ¿Qué pasaría si en Venezuela ocurre lo mismo? Que la gente viaje hasta acá para ver una escultura, no me parece tan loco. Si allá ocurre, acá podría ocurrir también.
Creo que aquí hay muchos artistas y muchas ideas alimentadas por tantas cosas que pasan acá, y yo creo que instituciones que le den espacio a artistas para que hagan este tipo de cosas es algo valiosísimo.
—Hacer esculturas para el espacio público también refleja la identidad de un espacio, de un país, de una ciudad.
Sí, totalmente. De hecho, muchas veces el ícono de las ciudades es un monumento que está allí. Por ejemplo, la Estatua de la Libertad que está en la entrada New York del escultor (Frédéric Auguste) Bartholdi.
Aquí, pues, tenemos a María Lionza, tenemos El Gato de Botero, El Toro de Wall Street, o sea, tenemos esculturas que se han vuelto íconos de las ciudades.
—Haces mucho énfasis en el modelado con las manos, en la textura, en dejar «vestigios del proceso» ¿Cómo te sientes al dejar tu huella en el espacio público?¿Lo quieres seguir haciendo?
La escultura es un proceso de peregrinaje, yo le llamo así. Un proceso donde las ideas o aquellas cosas no palpables que existen se vuelven materia, toman cuerpo, entonces ese proceso de peregrinaje siento que es como un ritual que no se debe ocultar. Entonces ahí están presentes, pues, las marcas, los trazos, la arcilla, incluso algunos errores técnicos que decido dejar porque es el material expresándose, es el material también hablando.
Eso me parece bien importante, que la escultura cuente de dónde viene. Que viene de unas manos, de un proceso muy artesanal. Es como mandar un mensaje a la eternidad, como que, bueno, esto es algo que en un momento se hizo, pero va a quedar así por siempre. Eso me parece muy bello, muy noble y además es un acto de resistencia frente a todo lo que se impone como industrialización.

Rómulo Gallegos
Somos humanos, somos imperfectos. No puede ser que lo que hagamos también sea excesivamente perfecto. Creo que uno como artista, a veces es un poquito perfeccionista, pero también al mismo tiempo es esa lucha por ser más humano. Creo que una de las exigencias del arte es ser más humano.
Hacer una escultura con una técnica de hace más de dos mil años, en la actualidad, quizás es un acto de resistencia también. Igual hacer figuras humanas, hacer rostros, ir en contra corriente a algunas tendencias también es un acto de resistencia y bueno, creo que el arte va más allá de todo eso.
Creo que el arte parte de una necesidad muy personal y mi necesidad ha sido, pues, llenarme las manos de barro para hacer esto.
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*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.









