Margarita López Maya: No me confiaría del «talante de apertura» que muestra el chavismo
La historiadora Margarita López Maya advirtió que no hay garantías de que el «talante de apertura» supuestamente mostrado por el chavismo en la mesa de diálogo se sostenga en el tiempo. En entrevista con el programa Noche D de TalCual, dijo que el oficialismo, y en particular los hermanos Rodríguez, buscan ante todo su propia supervivencia política. Llama a la oposición a coger las riendas del proceso y reactivar la movilización y agitación social
Margarita López Maya, historiadora y doctora en ciencias sociales de la Universidad Central de Venezuela (UCV), reaccionó en caliente a los primeros acuerdos anunciados por la mesa de diálogo entre las delegaciones del gobierno interino y la Asamblea Nacional 2015, donde supuestamente se ha visto una mayor «apertura» por parte del rodrigato. «Yo no me confiaría de ese talante que está mostrando en este momento el oficialismo».
Para la académica, el oficialismo «nunca ha mostrado antes» ese tipo de disposición, y su aparición ahora no debe interpretarse como una convicción democrática, sino como una respuesta a la presión ejercida por Estados Unidos, que actúa como garante del proceso. «Lo que está buscando es una supervivencia», dijo.
López Maya cree que los acuerdos presentados en la mesa —incluida la hoja de ruta para renovar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)— no se negociaron en los pocos días de conversaciones recientes, sino que responden a una planificación previa. «Esto no se acordó en la mesa en la semana en que estuvieron conversando. Esto tiene que haber venido de antes», afirmó, y describió el anuncio público como «una puesta en escena de un diálogo que ha estado moviéndose detrás de las cortinas desde hace ya algún rato».
Sobre la renovación judicial en particular, advirtió que el proceso tomará tiempo y que no debe generar expectativas de resultados inmediatos. Citó experiencias de reforma del poder judicial en países centroamericanos que atravesaron regímenes autoritarios o híbridos, y sugirió que Estados Unidos podría estar aportando ese conocimiento acumulado en la construcción del nuevo esquema para el TSJ venezolano.
La tarea de la oposición
Consultada sobre si el avance del proceso depende exclusivamente de Estados Unidos, López Maya insistió en que la sociedad venezolana y sus liderazgos políticos tienen tareas propias que no pueden delegar en el garante externo. Dijo que la parte democrática del diálogo necesita fortalecerse «por dos mecanismos»: atender las demandas concretas de la sociedad y consolidar una dirección política reconocible.
Señaló que la delegación opositora sentada en la mesa, encabezada por la Asamblea Nacional electa en 2015, arrastra un problema de legitimidad representativa y que su tarea es ir ganando esa legitimidad coordinando con quienes sí tienen el respaldo de las elecciones del 28 de julio de 2024: María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. «Nosotros tenemos en este momento una dirección política fuerte, pero está fuera», dijo, y llamó a que los partidos políticos, mientras ese liderazgo permanezca fuera del país, se activen para no dejar la protesta social dispersa en demandas puntuales y sin dirección.
La historiadora también planteó que la movilización callejera no debería verse como un obstáculo para la mesa, sino como una de las condiciones que sostienen la negociación. «Necesitamos la dirección política de la oposición en Venezuela», insistió, y advirtió que sin esa conducción las protestas seguirán siendo fragmentadas: gremios, sindicatos, familiares de presos políticos y el sector educativo saliendo por separado, cada uno detrás de sus propias reivindicaciones.
EEUU y sus objetivos
La historiadora, exdirectora de la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, pidió no tratar al gobierno estadounidense como un bloque homogéneo visto su rol en el proceso venezolano. Diferenció, por ejemplo, entre el presidente Donald Trump —a quien describió como «un factor de incertidumbre» motivado principalmente por intereses de negocios— y el secretario de Estado, Marco Rubio, con una carrera política más larga y, según López Maya, más inclinado hacia una salida democrática para Venezuela, en parte por su propio origen familiar cubano.
Más allá de esas diferencias internas, identificó un segundo objetivo que sí describió como bipartidista dentro de la política estadounidense: sacar del continente la influencia de China, Rusia e Irán, en lo que calificó como una renovación de la Doctrina Monroe. Según la historiadora, Venezuela representaba «el lunar negro» de esa estrategia por la presencia de esos actores en el país, y ese desplazamiento —dijo— ya está en marcha, aunque sin información pública suficiente sobre sus alcances.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.





