¿Cuánto tiempo se puede sobrevivir bajo los escombros? La carrera es contra el reloj
Tras los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, equipos de rescate y comunidades enteras corren contra el tiempo para hallar con vida a quienes permanecen atrapados entre los escombros. Especialistas en gestión de desastres explican que las primeras 24 a 72 horas son determinantes, aunque existen casos excepcionales de sobrevivientes rescatados días después
Las autoridades venezolanas estiman que aún podría haber cientos de personas atrapadas bajo edificios derrumbados tras los dos terremotos consecutivos —de magnitudes 7,2 y 7,5, con apenas 39 segundos de diferencia— que sacudieron el 24 de junio principalmente a Caracas y al estado La Guaira. A las labores de los cuerpos de rescate y organizaciones comunitarias se han sumado familiares, vecinos y desconocidos que excavan con sus propias manos, mientras equipos internacionales se incorporan progresivamente a la zona.
La pregunta que se repite entre familiares y rescatistas es cuánto tiempo puede sobrevivir una persona atrapada entre ruinas. De acuerdo con Jarone Lee, profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard con más de una década de experiencia en respuesta a desastres, citado por The New York Times, las primeras 24 a 48 horas tras un sismo son las más críticas para encontrar sobrevivientes. Otros expertos amplían a 72 horas la llamada «ventana dorada», el lapso considerado clave para rescatar al mayor número de personas con vida.
Daniel Losada, técnico en Gestión de Desastres de Cruz Roja Española, explicó al diario El País que un ser humano puede sobrevivir hasta 72 horas sin agua ni comida, y que esa franja de 24 a 48 horas concentra la mayor capacidad de supervivencia de alguien atrapado bajo una estructura o con politraumatismos. «Aunque pase ese tiempo, los equipos siguen buscando y siguen encontrando personas con vida, pero la experiencia nos dice que esa es la ventana principal de supervivencia», indicó.
Sin embargo, ese plazo no es definitivo. Existen casos documentados de rescates mucho más tardíos: dos hermanos turcos sobrevivieron unos ocho días bajo los escombros tras el terremoto de 2023 en la frontera entre Turquía y Siria, que dejó más de 50.000 muertos según estimaciones de la ONU, de acuerdo con The New York Times. El País recoge un caso aún más extremo: el del cocinero filipino Pedrito Dy, rescatado con vida tras 14 días atrapado luego del terremoto de Luzón, en Filipinas, en 1990, sobreviviendo con agua de lluvia y su propia orina.
Los especialistas coinciden en que las posibilidades de supervivencia aumentan cuando el derrumbe genera cavidades o «espacios vacíos» en la estructura, que protegen a las víctimas del peso directo de los escombros y les permiten conservar acceso al aire. Si además hay agua disponible y no existen lesiones graves, una persona puede resistir varios días o incluso semanas, aunque estos casos son poco frecuentes, según The New York Times.
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El clima cálido de Venezuela reduce el riesgo de muertes por hipotermia entre los atrapados, explicó a The New York Times Ilan Kelman, profesor que estudia desastres y salud en el University College de Londres. No obstante, advirtió que el sistema sanitario del país ya enfrentaba limitaciones importantes antes de los sismos, lo que podría dificultar la atención de quienes sean rescatados con vida.
Tanto Lee como Losada señalan otro riesgo durante las primeras horas: las muertes de quienes intentan rescatar a sus familiares ingresando a edificios aún inestables. A esto se suma la amenaza de las réplicas; el Servicio Geológico de Estados Unidos había previsto que era probable que ocurriera al menos un sismo de magnitud 5,0 o superior durante la semana siguiente al evento, según The New York Times.
Losada agregó, en declaraciones a El País, que la respuesta ante este tipo de catástrofes avanza «a dos velocidades»: mientras los equipos remueven escombros para rescatar a personas atrapadas, en paralelo se evalúan las necesidades de salud, agua y saneamiento de la población afectada para las semanas posteriores. El mismo medio cita tecnología de localización por dispositivos móviles, detectores geofónicos y perros entrenados como herramientas clave para hallar señales de vida bajo las ruinas.
La calidad de las infraestructuras resulta determinante para la magnitud de la tragedia. Christian Málaga-Chuquitaype, ingeniero estructural del Imperial College de Londres especializado en resiliencia sísmica, señaló a The New York Times que las imágenes de destrucción en Venezuela sugieren que muchos edificios colapsados estaban construidos con hormigón frágil y sin el refuerzo de acero adecuado. En esa línea, Kelman consideró más acertado entender las muertes en terremotos como consecuencia de decisiones políticas previas que como tragedias naturales inevitables: «Los terremotos no matan a la gente, lo que mata es el colapso de las infraestructuras», afirmó, según el mismo diario.
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