Paola Bautista: Delcy Rodríguez es fuente de inestabilidad, no garantía de cambio
La politóloga y dirigente de Primero Justicia advirtió que Venezuela aún no ha tenido cambio político real y que la actual dinámica entre Washington y Caracas responde a una lógica de «vasallo y señor». En entrevista con Noche D de TalCual, Bautista presentó los planteamientos del primer volumen de Cuadernos Roscio, publicación de la Fundación Juan Germán Roscio y Primero Justicia sobre la transición democrática
La convocatoria a elecciones justas, libres y transparentes es la «piedra de toque» del proceso político venezolano. Así lo planteó Paola Bautista de Alemán, vicepresidenta de Formación y Programas de Primero Justicia e investigadora del Instituto Kellogg de la Universidad de Notre Dame, en una entrevista con el programa Noche D de TalCual.
«Ahorita tenemos un proceso de tutelaje por parte de una fuerza extranjera que gira instrucciones a quienes están en el poder», afirmó Bautista. Según su lectura, entre la administración Trump y la gobernante encargada Delcy Rodríguez se ha instalado «una dinámica de vasallo y señor»: Washington emite instrucciones y Rodríguez las ejecuta. Para Bautista, eso no equivale a un cambio político. «Como no hemos tenido cambio político, tenemos que procurarlo para que todas las medidas de democratización sean una realidad», sostuvo.
Sus declaraciones se dieron en el contexto de la presentación de Cuadernos Roscio: Ideas de Primero Justicia para la transición, Vol. I (2026), publicación que recoge tres conferencias del seminario interno «Raíces» de ese partido, a cargo de la propia Bautista, Juan Miguel Matheus y Julio Borges. El texto analiza el proceso político abierto el 3 de enero de 2026 y propone un marco conceptual de tres fases: liberación, inauguración democrática y consolidación.
Para Bautista, la pregunta sobre qué debe venir primero —condiciones institucionales o convocatoria electoral— tiene una respuesta práctica: «Lo que permita acercarnos a unas elecciones justas, libres y transparentes». Eso implica unos mínimos institucionales acordados entre todas las fuerzas políticas, con preponderancia de quienes representan la voluntad popular expresada el 28 de julio de 2024: María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. «Si tú haces acuerdos en donde no hay personas que representan al pueblo, esos acuerdos no le van a generar obediencia», advirtió. «Es un criterio práctico lo que se está aplicando».
Sobre la actual Asamblea Nacional y su capacidad para designar un Consejo Nacional Electoral legítimo, Bautista fue directa: los diputados que la integran «no tienen votos que respalden su curul» y quienes simulan ser oposición dentro de ese cuerpo «forman parte de una agenda que no conecta con la agenda democrática de los venezolanos.» Consideró que un nuevo CNE debe ajustarse a los parámetros constitucionales, que no establecen equilibrios partidistas sino independencia, y que cualquier fórmula debe surgir de un gran acuerdo que incluya a la Plataforma Unitaria, a Vente Venezuela y a la sociedad civil. «Fórmulas hay muchas. ¿Cuál es la mejor? La que genere los mayores consensos».
La estabilización tiene «poco ADN democrático»
El documento plantea que la fase de estabilización —primera etapa del itinerario trazado por el secretario de Estado Marco Rubio— es por naturaleza «una fase de control» con escasos elementos democráticos. Bautista lo dijo con énfasis: la responsabilidad de los actores venezolanos es pugnar para que dentro de esa tensión entre control y participación prevalezca la apertura del espacio cívico. «El principal enemigo de la estabilización no es la participación ciudadana, es la represión. Delcy Rodríguez es fuente de inestabilidad para Venezuela», afirmó.
Ante la posibilidad de que la administración Trump priorice la estabilidad económica sobre la apertura política, Bautista argumentó que ambas son inseparables: «Si no es democrático, no es estable. Para que eso ocurra tiene que haber instituciones democráticas que sean estables, y para ser estables tienen que generar consensos, y para que generen consensos tienen que ser el reflejo de la voluntad del pueblo de Venezuela expresada en elecciones justas, libres y transparentes».
Rodríguez no es Suárez
Cuadernos Roscio examina el paralelo —frecuente en el debate público— entre Delcy Rodríguez y Adolfo Suárez, el político del franquismo tardío que condujo a España a la democracia. Bautista rechazó la comparación. La diferencia, dijo, es la voluntad política: «Nosotros no hemos escuchado de parte de Delcy Rodríguez un ‘puedo prometer y prometo'», en referencia al célebre discurso de Suárez. Tampoco, añadió, ha habido hitos liberadores comparables al que representó en España la legalización del Partido Comunista. «El motor actual de las posibles reformas en nuestro país es el miedo de Delcy Rodríguez a que vuelvan a caer bombas como cayeron el tres de enero», señaló. «La diferencia entre un reformador y una persona que simula ser reformadora es la voluntad política».
Sobre el cinismo que, a su juicio, caracteriza las declaraciones públicas de Jorge Rodríguez, Bautista lo sintetizó así: «Cada palabra que no tiene sustento en la realidad es un paso hacia un escenario de desconfianza que limita el proceso de construcción de consensos».
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.





