Entre el trauma, la autogestión y el miedo al robo: caraqueños están alerta tras réplica
La réplica de este 29 de junio forzó desalojos preventivos y obligó a los residentes a acordonar sus propias calles, pero también dejó en evidencia la resistencia de algunos ciudadanos a abandonar sus apartamentos por temor a robos o invasiones
La capital inició el día con un sacudón. A las 7:01 a.m., una réplica de magnitud 4,2 localizada a 10 km al este de La Guaira obligó a los ciudadanos, una vez más, a salir de sus casas. Fue un temblor breve, pero lo suficientemente fuerte para reactivar el miedo colectivo en una ciudad que aguarda en las aceras a que pase lo peor.
A Edward José Rivas la réplica lo sorprendió en la Clínica Razetti. El centro de salud operaba con normalidad hasta que el temblor obligó a cerrar la entrada principal, restringiendo el acceso exclusivamente por emergencias. Para Edward, la calle es el único lugar seguro por ahora, pues el edificio donde reside, en Bellas Artes, sufrió daños estructurales durante el doblete sísmico del 24 de junio.
Mientras su familia permanece refugiada en el Liceo Andrés Bello, su mirada sigue puesta en el epicentro del desastre. «La situación en La Guaira está fea y preocupa que empeore con tanta réplica. La ayuda allá es escasa. Lo que necesitamos es ayuda», afirma.
A Irama López, vecina de San Bernardino, el sismo la agarró en plena vía pública. Fueron los gritos de pánico en la zona los que la alertaron. Una vez pasó la tembladera, subió rápidamente a su apartamento solo para recoger lo esencial: unas sillas, agua, frutas y galletas para aguantar la jornada junto con sus vecinos.
Para ella, este desastre es una dolorosa regresión. Llegó a Caracas huyendo del deslave de Vargas en 1999 y ahora las angustias del pasado se mezclan con las del presente. «Tengo muchos sentimientos encontrados. Solo pido a Dios que nos proteja a todos», comenta mientras espera que los nervios se calmen. Aunque el piso ya no se mueve, siente que el temblor se quedó a vivir en su cuerpo.
La ansiedad es una constante entre los vecinos de San Bernardino, donde los edificios Rita y Moisés cedieron ante los terremotos de 7.2 y 7.5. Ana Josefina Castillo iba hacia la cocina, en el penthouse de su edificio, cuando el sismo la golpeó «muy fuerte». El susto le provocó una subida de tensión que pudo calmar caminando por los alrededores de su cuadra y comiendo caramelos de forma constante, pese a que «no debería porque le dispara el azúcar».
Sube a su apartamento para cosas puntuales, como buscar agua o usar el baño. Y lo hace rápido, dejando todo tirado a su paso, por miedo a que la tierra vuelva a moverse en cualquier momento. No planea pasar la noche allí.
Ese mismo temor a la vulnerabilidad de las estructuras se respira en el edificio Aconcagua, ubicado en la esquina de San Ramón, en la Av. Fuerzas Armadas. Si bien las inspecciones técnicas de los ingenieros determinaron que el inmueble no muestra daños estructurales graves, la réplica de este lunes resintió su fachada, que ya presentaba daños desde el miércoles 24.
Ante la ausencia de cuerpos de seguridad o de Protección Civil para restringir el paso, fueron los propios vecinos quienes decidieron tomar el control: improvisaron un acordonamiento en la calle para evitar que el tránsito vehicular comprometiera aún más las debilitadas paredes. Sin embargo, la medida ciudadana ha sido insuficiente, pues la rutina de la zona se impone.
A pesar de los nervios, hay quienes prefieren no dejar solas sus viviendas. Rosa Elvira estaba durmiendo cuando el bamboleo de su cama y el ruido la despertaron de golpe. «Enseguida me vestí, me cepillé, me tomé la pastilla de la tensión y bajé», relata desde la recepción de su edificio, en la parroquia Altagracia, donde custodia las sillas de sus vecinas desde temprano en la mañana.
«Muchos vecinos se han ido porque los primeros tres pisos quedaron afectados por el terremoto, pero yo de mi apartamento no me voy. Eso es lo único que tengo. Tú no sabes quién se pueda meter», confiesa.
Según el balance oficial, hasta la tarde de este lunes 29 de junio, 1.719 personas murieron, 5.034 resultaron heridas y 15.866 familias quedaron damnificadas por los terremotos.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.





