Divulgación de correos electrónicos de Epstein reabre un flanco crítico para Trump
Más de 20.000 páginas de correos y documentos del fallecido financiero Jeffrey Epstein volvieron a colocar su relación con Donald Trump en el centro del debate político estadounidense. Las revelaciones llegan cuando el Congreso se encamina a una votación inédita para exigir la publicación íntegra de los archivos del caso
La divulgación, este miércoles, de más de 20.000 páginas de correos electrónicos y documentos del patrimonio de Jeffrey Epstein —publicadas por el Comité de Supervisión de la Cámara Baja— desató un terremoto político en Washington. Los archivos incluyen comunicaciones entre el fallecido agresor sexual y figuras de la política, las finanzas, la academia, los medios y Hollywood, y dan cuenta de una obsesión persistente: Donald Trump.
Los documentos, obtenidos por citación congresional y difundidos tanto por demócratas como por republicanos, contienen mensajes en los que Epstein afirma que Trump sabía de la explotación de menores, intercambios con asesores del propio magnate y conversaciones sobre el potencial daño político que podía causarle.
La administración de Trump reaccionó de inmediato. La portavoz Karoline Leavitt aseguró que los demócratas «rescatan una vez más el ‘hoax’ de Epstein para desviar la atención del fin del shutdown». El propio presidente escribió que se trata de un intento de «distracción desesperada».
Pero los correos —muchos de ellos dirigidos por Epstein a sí mismo— muestran otra película. Una en la que el financiero retrata a Trump como un viejo conocido cuya conducta seguía de cerca y sobre quien decía poseer información comprometedora.
Del «dog that hasn’t barked» al «poder detenerlo»
Los mensajes muestran que, pese a su ruptura pública a mediados de los 2000, Epstein siguió monitoreando a Trump durante más de una década. En 2011, escribió a Ghislaine Maxwell sobre una víctima reclutada en Mar-a-Lago: «VICTIM pasó horas en mi casa con él… es el perro que no ha ladrado». Según los documentos, se trataba de Virginia Giuffre —quien murió este año—, la misma joven que había denunciado ante la prensa británica los abusos cometidos por Epstein y la participación de otros hombres poderosos, como el príncipe Andrés de la monarquía británica.
Ocho años después, en 2019 y a meses de ser arrestado, Epstein dejó registrado en un correo dirigido a Michael Wolff: «Por supuesto él sabía sobre las chicas, le pidió a Ghislaine que parara». Ese mismo año escribió que Trump había estado «en mi casa muchas veces» y que «nunca recibió un masaje».
Las afirmaciones chocan con la versión del presidente, quien insiste en que se distanció de Epstein tras entrar en conflicto por una propiedad en Palm Beach y que jamás tuvo conocimiento de actividades ilícitas antes del acuerdo judicial de 2008.
Los contactos de Epstein
Los correos también exponen la amplitud del círculo de Epstein: desde el exsecretario del Tesoro Larry Summers hasta el empresario Peter Thiel, pasando por el periodista Michael Wolff, el publicista Ken Starr, la actriz Soon-Yi Previn y el artista Andrés Serrano.
Wolff, en particular, aparece como una suerte de asesor informal. Le ofreció estrategias de comunicación, sugerencias para enfrentar escándalos y hasta elaboró ideas para convertir a Trump en un «contrapunto útil» para el propio Epstein. «Creo que deberías dejar que él mismo se hunda», escribió Wolff en 2015 al plantearle cómo responder si Trump negaba conocerlo.
En paralelo, Epstein comentaba con Summers impresiones sobre Trump y sobre la elite estadounidense. Lo llamó «borderline insane» y, en otra ocasión, «maníaco». A Thiel lo invitó a visitarlo en el Caribe, aunque el empresario negó haber puesto un pie en la isla del financiero.
Los correos incluyen menciones a contactos diplomáticos rusos. En 2018, Epstein sugirió al entonces secretario general del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland, que Sergei Lavrov podría buscar sus «insights» antes de reuniones con Trump. Aseguró haber conversado previamente con Vitaly Churkin, embajador ruso ante la ONU hasta 2017.
No hay evidencia de que ese intercambio influyera en la política exterior estadounidense, pero sí muestra que Epstein se presentaba como un conocedor privilegiado del presidente y su entorno.
Una grieta dentro del trumpismo
La difusión de los documentos se produjo en medio de una operación congresional sin precedentes: una petición de descarga, impulsada por los republicanos Thomas Massie y los demócratas Ro Khanna, logró las 218 firmas necesarias para forzar un voto sobre un proyecto de ley que obligaría al Departamento de Justicia a revelar todos los archivos del caso Epstein.
La iniciativa fracturó al Partido Republicano. Trump reprendió públicamente a quienes apoyaron el mecanismo: «Solo un republicano muy malo o muy estúpido caería en esa trampa».
Pese a las presiones, la Cámara votará la próxima semana. La propuesta difícilmente se convertirá en ley —requiere superar el Senado y una casi segura objeción presidencial—, pero dejará constancia del desacuerdo interno y del deseo de buena parte del electorado republicano por acceder a los archivos completos.
Para sectores del movimiento MAGA, la revelación de la verdad sobre Epstein fue una promesa incumplida por Trump desde 2024. Su resistencia actual a divulgar los archivos se interpreta como una ruptura simbólica con esa base.
La aparición de los documentos coincide con un momento tenso para la administración Trump: un cierre gubernamental recién superado, disputas internas por acusaciones de antisemitismo y una Corte Suprema escéptica ante sus políticas arancelarias. Aunque la Casa Blanca insiste en que la filtración es apenas «molesta», asesores y aliados admiten que añade presión en un momento delicado.
Para analistas consultados por The Washington Post y Politico, el impacto electoral inmediato puede ser limitado, pero el daño político interno es profundo. El tema rompe una de las últimas lealtades automáticas del trumpismo radical: la promesa de exponer a las élites y revelar las redes de protección a depredadores sexuales.
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