Venezolanos viajaron de muchas partes para celebrar el Nobel: expectativa de verla crece
Venezolanos desde distintas partes del mundo viajaron a Oslo para asistir a la ceremonia de entrega del premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. Esperan verla mientras especulan cómo salió de Venezuela y se organizan para una marcha de las antorchas con fervor venezolano
El lobby del Gran Hotel de Oslo era un hervidero. Cada persona que cruzaba el umbral era vista con interés por quienes ya estaban dentro, una multitud de acento venezolano que se arremolinaba esperando ser testigo de la llegada de María Corina Machado al recinto que ya tenía su nombre anotado para recibir una habitación. Algunos más aprovechaban de protegerse del frío que se sentía afuera, con temperaturas de cero grados centígrados.
De los primeros en llegar fue el presidente de Panamá, José Raúl Mulino –quien, por cierto, creyó que una foto trucada de María Corina Machado en el balcón de ese hotel era real. Lo hizo el lunes, y el martes paseó varias veces por ese lobby con al menos dos declaraciones a la prensa. Más tarde llegaría el argentino Javier Milei, sin hablarle a nadie y directo al ascensor. El presidente paraguayo Santiago Peña hizo lo propio. El expresidente colombiano Iván Duque se sumó, y la pianista venezolana Gabriela Montero causó aplausos. No fue la única, también los recibió Magalli Meda, la jefa del comando ConVzla, y Edmundo González, saludado por todos como presidente electo de Venezuela.
Políticos y activistas se daban cita allí. Hablaban de sus respectivos viajes, de dónde se están alojando, del «cómo ves la vaina». Varios coincidían en verla «más cerca que nunca».
El acceso al Grand Hotel nunca estuvo vedado. Es lo usual en Oslo. Aún así, grupos de venezolanos se mantuvieron afuera, tras una barrera metálica, también esperando la llegada de la líder opositora, aplaudiendo a otros, saludando a quienes también llegaban hablando español. El sitio se convirtió en punto de encuentro de quienes, esperanzados, viajaron desde distintas partes de Europa para ser testigos de la entrega del primer Premio Nobel de la Paz a una venezolana.

«Esto lo significa todo. Estamos muy emocionados y orgullosos. Aquí estamos siendo agradecidos y respetuosos con la comunidad de Oslo», dijo Lorena Sanabria, margariteña que lleva más de una década viviendo en Estoccolmo, Suecia. «Esto ha sido un movimiento ciudadano. Yo me vine por mi cuenta y me he encontrado con mucha gente similar aquí. Queremos honrar el esfuerzo y el sacrificio enorme que se hizo en 2024″, agregó.
«Llegé a medianoche desde el país Vasco, donde llevo viviendo siete años y medio. Vine a apoyar a la líder, porque es nuestra última esperanza de poder liberar al país y poder volver», comentó Elvis Urbina, quien afirmó estar preparado para armar maletas de regreso apenas ocurra un cambio político. «Quiero ser un ladrillo para la reconstrucción».
«Yo vengo de Madrid. Quise venir porque he sido colaborador de Vente Venezuela antes, y admiro mucho la lucha de María Corina, su coraje y valentía. Esta es una ocasión para celebrarla como símbolo de la lucha que se ha llevado a cabo gracias a miles de personas, honrando a los presos políticos y a quienes han caído víctimas del régimen», dijo Ibrahim Ramos, quien considera los actos en Oslo como una «antesala» a un cambio político en Venezuela. «Yo quisiera volver para construir la sociedad y las instituciones que hacen falta».
Otros venezolanos consultados por TalCual provenían de Francia, Arabia Saudita, Alemania, Suiza y Dinamarca. Muchos de ellos emigrados durante los «años salvajes» entre 2016 y 2018.

A la espera de María Corina Machado
En las afueras del Grand Hotel también se dieron las últimas indicaciones logísticas de la marcha de las antorchas que, este año, está organizada por un grupo venezolano. Antes, los detalles se compartieron en uan reunión bajo techo guiada por Erika Holms, quien encabeza la Norwegian Venezuelan Justice Alliance, organización que asumió la logística cuando la tradicional se negó a hacerlo: «Queremos que todos estén felices con esta movilización. Veremos una marcha de antorchas con la devoción de todo un país».

Los organizadores saben que no muy lejos habrá, en paralelo, una segunda manifestación de grupos críticos con el premio anunciado para Machado. Este martes ya hubo una. Ningún venezolano formó parte de esa actividad. «Esos grupos son pagados, manejados por comunistas», afirmaba Érika Gallardo, una venezolana que se preparaba para un día largo esté miércoles: «Estaré a mediodía viendo la ceremonia en las pantallas, luego veré el concierto y luego iré con la marcha para ver a María Corina en el balcón del Grand Hotel, cumpliendo la tradición. Me vine súper preparada con abrigo y mañana tendré chucherías para aguantar el hambre porque no me quiero perder de nada».
Los más interesados en verla son sus familiares. En Oslo se han reunido la madre y todas las hermanas de la líder opositora venezolana, así como sus hijos. Han pasado muchos años desde que estuvieron juntos en un solo lugar, «aunque nunca hemos tenido separación emocional. Reencontrarnos es el deseo más grande de María Corina, y es una convicción de por qué estamos luchando», dijo Clara Machado, su hermana menor. «Queremos demostrarle de nuevo, aunque ella lo sabe, que su familia está aquí para arroparla».
Por las calles de Oslo abundan las banderas de Venezuela. Algo inusual en una ciudad tan cara como fría. El nombre de María Corina Machado engalana la sede del Instituto Nobel y del Centro Nobel. Pero en la capital noruega la vida sigue para los locales y turistas como si nada. Ferias de artesanías y comidas, gente fotografiando monumentos, y los locales cumpliendo sus rutinas.
El «fuego» venezolano se anida es en corazones latinoamericanos, eso que además viven las horas con la expectativa de si Machado finalmente asistirá a la ceremonia. «Ella ya debe estar aquí», «Ella salió en un vuelo protegido», «Yo creo que tenía un rato afuera», «Creo que llegará con un presidente»… cada quien con su apuesta. Y algunas más: «si no viene, nosotros la representamos porque entendemos que no pudo llegar», apuntaba Flor Hernández, quien llegó a Oslo gracias a una colecta de 12 personas de su familia que la mandaron desde Portugal cual embajadora.






