Rodríguez blinda su seguridad al nombrar nuevos jefes en la Dgcim y la Guardia de Honor
El capitán de navío Germán Gómez Lárez fue nombrado como director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) por parte de la encargada del Ejecutivo, Delcy Rodríguez, quien también designó al G/B Henry Navas Rumbos como comandante de la Guardia de Honor Presidencial
Delcy Rodríguez, encargada del Ejecutivo, completó este miércoles la toma de control de los organismos de inteligencia y protección presidencial. Tras el nombramiento del nuevo ministro de la Defensa, designó al capitán de navío Germán Gómez Lárez como director de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) y al G/B Henry Navas Rumbos como comandante de la Guardia de Honor Presidencial.
Germán Gómez Lárez asume el liderazgo de la Dgcim en sustitución del G/J Gustavo González López, quien pasó a la cartera de Defensa. Gómez Lárez no es un extraño en la estructura de inteligencia: hasta hoy se desempeñaba como presidente de Bolipuertos y del INEA, pero su trayectoria está ligada a la operatividad interna de la Dgcim.
Su nombramiento ya genera reacciones en las organizaciones de derechos humanos. Ha sido señalado en informes y testimonios por su presunta participación en detenciones arbitrarias y torturas cuando ejercía como jefe de la División de Detenciones Especiales de este organismo.
Para la Guardia de Honor Presidencial, el cuerpo de élite encargado de la seguridad inmediata de la mandataria, Rodríguez eligió al general Henry Navas Rumbos, quien comandó previamente la Brigada Especial de Protección y Aseguramiento Presidencial.
Navas Rumbos sustituye también a Gustavo González López en esta función, separando finalmente el mando de la inteligencia militar del mando de la protección presidencial.
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Retos en la Dgcim
El principal desafío de Germán Gómez Lárez al frente de la Dirección General de Contrainteligencia Militar será gestionar un organismo que la comunidad internacional ha calificado como un centro de torturas sistemáticas. Su gestión inicia bajo la sombra de informes de la ONU que han documentado abusos en las celdas de Boleíta y otros centros clandestinos.
La Misión de Determinación de los Hechos sobre Venezuela ha sido tajante. En sus informes, especialmente entre 2021 y 2022, con actualizaciones en 2024, señaló que la Dgcim no actúa de forma aislada, sino como parte de una maquinaria diseñada para «reprimir la disidencia».
La Misión documentó casos de violencia sexual, asfixia, descargas eléctricas y privación de sueño. El informe de 2021 destacó que los abusos en la Dgcim eran «actos cometidos como parte de un plan diseñado de antemano para silenciar a la oposición».
En marzo de 2024, la Misión de la ONU advirtió que Venezuela ha entrado en una fase de «reactivación de la modalidad más violenta de represión».
«La estructura de inteligencia (Ddgcim y Sebin) continúa operando con total impunidad. No se trata de incidentes aislados, sino de una política de Estado para desarticular cualquier esfuerzo de organización social o política», señala el documento.
Gómez Lárez asume el cargo mientras la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) avanza en su investigación por crímenes de lesa humanidad. Los directores de estos cuerpos de seguridad están en la mira de La Haya como parte de la cadena de mando. El nuevo jefe de la Dgcim tendrá que decidir si mantiene los protocolos de aislamiento y «puerta cerrada» o si permite una transparencia que, hasta ahora, ha sido inexistente.
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