EDITORIAL | Mantengan abiertas las puertas de Miraflores a la prensa independiente
El miércoles 4 de marzo de 2026 Venezuela pudo ver algo que se había hecho extraño. Inédito, incluso, para toda una generación. Periodistas de la prensa independiente, como los de este mismo periódico digital, pudieron cubrir una actividad en el Palacio de Miraflores.
No fue fácil que así fuera. No solo porque las convocatorias a tales actividades suelen estar restringidas a prensa extranjera, agencias de noticias, medios estatales y plataformas radioeléctricas tradicionales, sino porque incluso al cumplir los pasos que se habían dado para ser acreditados la respuesta inicial fue “no apareces en la lista”. Aparentemente, medios como TalCual –con sus 25 años de operación–, El Pitazo y Efecto Cocuyo con más de una década de existencia, El Diario, o hasta El Nacional con sus 82 años a cuestas, no son reconocidos por el Ministerio de Información y Comunicación como medios nacionales.
Hubo paciencia, conversación y espera. Mucha espera. Teléfonos sonaron. Mensajes fueron intercambiados. Hasta que las decisiones comenzaron a cambiar cuando la Embajada de Estados Unidos insistió en querer que su jefe del Departamento de Interior, Doug Burgum, tuviera la mayor cobertura posible. Solo así se abrieron los portones, se asignaron brazaletes a reporteros y se permitió el paso a la sede del Poder Ejecutivo.
Ha pasado tanto tiempo desde que la prensa ha tenido cerrada esa fuente oficial que podemos decir, sin vergüenza alguna, que la última vez que un reportero o reportera de TalCual entró a Miraflores ninguno de los que hacemos vida en esta casa editorial hoy en día trabajaba aquí. Algunos ni graduados estaban. Han sido más de tres largos lustros, en este caso.
Es cierto que no hubo preguntas al terminar la declaración conjunta del enviado estadounidense y la encargada del Poder Ejecutivo, Delcy Rodríguez. Pero eso no opacó que finalmente la prensa no tuvo (tantas) trabas para hacer su trabajo, con todo y la sorpresa que supuso para quienes lograron entrar y también para quienes sí han tenido permitido el acceso hasta ahora aun lamentando que colegas eran dejados por fuera.
El ejercicio del periodismo libre no solo se trata de trabajar sin miedo a ser detenido, encarcelado o acusado desde el poder por informar. También incluye, entre tantas cosas, el acceso a la fuente, especialmente a la oficial que tiene el deber de rendir cuentas a la sociedad venezolana. Pero vivimos en un país donde es noticia que un canal de televisión no estatal entreviste a alguien, que un funcionario del Estado se deje entrevistar por plataformas no controladas por el gobierno, y hasta que reporteros puedan entrar a un edificio público.
Ojalá este cambio se mantenga, que el acceso ya no vuelva a estar negado, que la exclusión no siga siendo la norma, que no haga falta que un tercero deba intervenir. Ojalá que el 4 de marzo sea para la prensa independiente un día para recordar cómo las puertas de las instituciones venezolanas comenzaron de nuevo a abrirse para permitir que el derecho a la información establecido en la Constitución sea una realidad.
Eso sí, falta mucho más. No bastan algunas entrevistas a medios tradicionales o declaraciones de altas autoridades.
Falta que los demás poderes del Estado, los organismos públicos en general y los funcionarios asuman plenamente este «nuevo momento político» y permitan también el libre acceso a la prensa, a las preguntas, al escrutinio, a la transparencia. Pero también que sean eliminados los bloqueos a los medios digitales, que las «llamaditas» de Conatel dejen de ocurrir a las radios, que los invitados dejen de ser considerados peligrosos para los entrevistadores, que los castigos no cuelguen sobre periodistas, que no haya que operar pensando todo el tiempo en si una palabra o una frase pueda traer represalias, que las indicaciones de permitir un periodismo sin cortapisas sean dadas en toda la burocracia nacional.
Abogamos porque más nunca sea inusual que lo primero que haga una reportera al entrar a una sala de prensa de un edificio público sea tomar una fotografía –como la que ilustra este Editorial– para dejar registro de que sí, de que efectivamente se pudo entrar a Miraflores para poder trabajar. Como también abogamos porque las voces de funcionarios, autoridades y voceros del sector político a cargo del Estado se abran también a ser entrevistados por nuestro equipo.
En TalCual saludamos lo ocurrido este miércoles, y le insistimos al ministro Miguel Ángel Pérez Pirela que tiene la oportunidad para cambiar la historia, como escribimos el pasado 19 de enero. Esperamos que así ocurra, que se avance plenamente en esa dirección, por el bien de todos.





