Los leones del Congreso español, por Laureano Márquez
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El papa León XIV, en su visita a España, dirigió un mensaje a los miembros del Congreso.
Como ha subrayado un articulista español, sorprende que el Santo Padre haya salido del recinto con la sotana tan impecablemente blanca como cuando entró, teniendo en cuenta lo embadurnado que suele estar el hemiciclo por los improperios que se lanzan entre sí sus señorías.
En la entrada del edificio dos leones reciben al visitante, son emblema de coraje y valentía, como la que tuvo este tercer León para exponer sus puntos de vista ante quienes mayormente se ocupan de negarlos.
Conviene aclarar que el Papa no acudió conforme a lo que los grandes maestros del latín llamamos motu proprio, expresión que el vulgo suele deformar en «motu propio» e incluso, en algunos casos extremos, «moto propia». Es decir, el Papa no fue por iniciativa suya, sino por invitación.
En esto siguió el ejemplo de Jesús, que no manifestaba inconveniente alguno en reunirse con publicanos y pecadores para tratar de animarlos a cambiar de rumbo.
Se refirió a temas de gran interés y quizá desconocidos para algunos de los asistentes. Habló, por ejemplo, de España, esa gran desconocida –cuando no enemiga– de muchos de los que allí estaban.
Recordó su grandeza cultural y literaria, sus místicos, e incluso hizo notar la presencia de las imágenes de los Reyes Católicos en la sala, por si los parlamentarios, poco acostumbrados a levantar la mirada, no habían reparado en ellas.
Aquello lo llevó a la Salamanca de la época de la conquista y a fray Francisco de Vitoria. Les recordó que toda acción política debe tener como centro la dignidad de la persona y el bien común.
En ese momento, según testigos presenciales, algunos comenzaron a preguntarle a ChatGPT qué quería decirles.
El Papa reiteró la posición de la Iglesia en defensa de la vida, manifestando su oposición al aborto y a la eutanasia, y defendiendo la vida humana desde la concepción hasta su ocaso natural. Nadie pidió turno de réplica.
Habló también de la inmigración, un asunto de inevitable actualidad que a menudo se despacha con una simplicidad asombrosa. Un problema que inquieta a los europeos y que, sin duda, angustia aún más a quienes abandonan sus países con tal desesperación que están dispuestos a afrontar incluso el riesgo de la death. Allí subrayó la necesidad de la solidaridad y el respeto a los derechos humanos.
Abogó asimismo por un debate político basado en el respeto y el diálogo. Es decir, nombró la soga en casa del ahorcado. Curiosamente, nadie lo insultó.
Finalizó el discurso y fue ovacionado en pie durante siete largos minutos. Acto seguido, los ilustres parlamentarios abandonaron el hemiciclo para utilizar el discurso papal exactamente para aquello que el Papa había pedido evitar: la descalificación del adversario.
«Ha sido un discurso muy necesario», declaró un portavoz político. «Lástima que la bancada de enfrente no lo haya entendido». Cinco segundos después, un portavoz de la bancada de enfrente emitió exactamente la misma declaración.
Curioso fue también el episodio de una parlamentaria catalana que, a la salida, tomó la mano del Papa para pedirle, en inglés –en el Parlamento español y a un pontífice hispanohablante–, que utilizara el catalán durante su viaje a Barcelona.
La propia Torre de Babel de la que habla el Pontífice en su primera encíclica habría contemplado la escena con admiración.
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Mención de honor merece la actitud de un partido llamado Podemos, que coherente en su incoherencia, decidió no asistir a la sesión y manifestó luego que no compartía los postulados del Papa.
Confessio est regina probationum: la confesión es la reina de las pruebas.
Rechazaron la presencia de León XIV en el Congreso porque, según afirmaron, había transformado la Cámara en una iglesia, es decir, en un lugar sagrado, algo así como la sede de la soberanía popular. Se habló incluso de «teocracia», claro sin mención a Irán.
Tres días después del discurso que habían ovacionado durante siete minutos, los parlamentarios aprobaron una ley destinada a blindar la eutanasia frente a determinadas dilaciones judiciales. Y entonces, el gallo cantó por segunda vez.
Laureano Márquez P. es humorista y politólogo, egresado de la UCV.





