Juicio en Nueva York, defensa en Caracas: «Maduro es inocente», dicen sus seguidores
Mientras en Nueva York el caso de Nicolás Maduro, que enfrenta cargos por narcoterrorismo, posesión de armas y conspiración para importar cocanía, apenas empezó a tomar forma en los términos de la justicia estadounidense, en Caracas, en cambio, ya está juzgado: es inocente
Mientras Nicolás Maduro enfrentaba la justicia estadounidense, cientos de chavistas se reunieron frente a una pantalla gigante en la Plaza Bolívar de Caracas. Pancartas con lemas como «Free Maduro and Cilia» y «Bring them Back» destacaban entre la multitud que seguía en vivo las noticias sobre la comparecencia. Entre expresiones de tristeza y esperanza, los oficialistas afirmaban sentirse confiados, convencidos de que la corte dictaría la libertad de su líder, quien lleva casi tres meses sin ejercer su mando desde Miraflores.
Sus seguidores lo defendían por ser un «hombre bueno», asegurando que las acusaciones de narcotráfico eran falsas y que Donald Trump mentía. Pero, más allá de la defensa, comenzó a correr otra idea entre la multitud: la de una posible salida.
Para muchos, la clave estaba en que Delcy Rodríguez, como encargada del Ejecutivo, interviniera ante las autoridades estadountidenses y negociara su regreso, confiando en que sus contactos podrían abrir una puerta en medio del conflicto.

«Ella tiene que buscar la manera de ayudar a que nuestro presidente Maduro salga en libertad, ya que tiene contactos con Donald Trump. Él mismo ha dicho que ella le parece simpática. Ya vimos que hubo diálogo y se comprendieron», dijo Víctor Armado, trabajador petrolero.
Para él, ese canal abierto no es un detalle menor, sino una vía posible para destrabar el caso.
Otros lo veían con más recelo, aunque sin descartar su utilidad.
«Ella está coqueteando mucho con los gringos después de todo el mal que ellos nos han hecho a nuestro país. Tiene que ser fuerte, no darle mucha importancia, como hacía nuestro comandante Chávez, que sí los ponía en cintura», dijo Firililis Aguilar, mientras que sostenía en su mano derecha una bandera de Venezuela y en la otra un afiche con una ilustración de Maduro y Cilia Flores, la pareja que dominó el poder durante 13 años.

Y aun así, la exigencia era directa:
«Delcy, tienes que ponerte dura con la gente de los Estados Unidos».
Las posturas se movían entre la crítica a Washington y la expectativa de que, esta vez, una negociación sea posible.
Un proceso legal, dos lecturas
Mientras tanto, el proceso judicial avanzaba en otra lógica, lejos de la plaza, donde en otra pantalla mostraba en vivo las horas, minutos y segundos que tenían los chavistas sin su líder en la silla presidencial. La audiencia correspondía a una conferencia de estatus, donde se verifica si las partes han avanzado en lo necesario para llegar a la etapa probatoria, con presentación de pruebas y mociones.
Para el sistema judicial estadounidense, se trata de un trámite técnico, casi rutinario, pero en Caracas, en cambio, se percibía como todo lo contrario. Los matices emocionales sobrepasaban cualquier explicación legal.
«Es un juicio ilegítimo», dijo Carmen Serrano, líder comunal de Caricuao.
Para ella, y para los otros que estaban en la Plaza Bolívar, no había dudas.
«Esto es un juicio viciado. Actúan así y no le dan oportunidad a la gente que se defienda. ¿A cuánta gente no le han hecho lo mismo? El presidente no se merece eso, es un hombre que ha trabajado por su pueblo», continuó.
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En su lectura, no se trataba de un proceso judicial, sino de una injusticia.
Otros viven el proceso en un plano más personal. Miriam Rangel lo dice y se le quiebra la voz: «Yo le estaba pidiendo a Dios que le diera la libertad… y no se la dio. Esos son seres que yo amo. Ellos hablan y dicen, pero nosotros no hemos visto al presidente”.
Luego, sin mucha pausa, terminó llevando la defensa a un terreno más frontal.
«Trump es demasiado mentiroso. Él sabe que nuestro presidente no es ningún delincuente. Si él quiere petróleo, que se lo lleve… pero que nos devuelva a nuestro presidente», agregó.

También, la idea de que el conflicto responde a intereses energéticos se repetía, con distintas palabras, entre los seguidores de Maduro. Para ellos, el juicio no era una cuestión judicial, sino geopolítica.
En ese mismo sentido, Serrano insistía: «Trump no tiene pruebas ni nada de los cargos que le está poniendo al presidente de Venezuela. Nosotros somos los hijos de Bolívar. Cuando este pueblo sale, sale».
En la plaza, las voces se superponían, sí, pero el mensaje era uno solo. Mientras en Nueva York el caso apenas empezó a tomar forma en los términos de la justicia estadounidense, en Caracas, en cambio, ya el hijo de Hugo Chávez está juzgado: es inocente.





