El miedo de Luis Olavarrieta
Luego de su entrevista con Jorge Rodríguez, el periodista Luis Olavarrieta admitió que hubo miedo. Y es lógico. Como bien explicó en una conversación con Patricia Poleo, se trató de un encuentro pautado con una fuente oficial… y la fuente oficial, el Estado en general en este caso, “nos ha atropellado muchos años, no veían como enemigos”.
Olavarrieta también dijo que todo el encuentro fue marcado por el temor, reflejando la dimensión personal del riesgo que ha sido ejercer el periodismo en Venezuela: “he vivido muchos sucesos a lo largo de 10 años que la gente no sabe. Hay entrevistas que he puesto en mi canal que han resultado más que incómodas, me han costado mucho más allá de las libertades, me han costado hasta puestos de trabajo, rentabilidad económica, salida del país y otros asuntos que prefiero reservarme”.
Quizá pocos entienden qué significa para un periodista acumular una década sin acceso a la fuente oficial, como revela Olavarrieta. Lo sabemos en esta redacción porque, como se imaginarán, nos pasa a muchos. Esa cerrazón del Estado que opta por dividir a la prensa entre “la nuestra” y “la de ellos”, contaminando toda discusión sobre la libertad de información.
El testimonio de Luis así lo confirma cuando recuerda que en su canal de Youtube ha entrevistado a María Corina Machado, Juan Pablo Guanipa, Delsa Solórzano, Freddy Superlano o Roland Carreño. “Entonces la gente del otro lado piensa que uno es propagandista. Y no, es que nunca tuve acceso a la otra fuente. nunca me dejaron”.
En sus explicaciones y comentarios, Olavarrieta retrata cómo han sido las cosas para la prensa en el país, con foco en los medios donde ha hecho carrera: “La radio en Venezuela se ha convertido en programas de entretenimiento”, y repasa nombres de la empresa que más tiempo lo ha tenido al aire (y de donde más veces lo han sacado del aire también). “Es muy complejo sentarse y pensar qué digo y qué no digo. Estar todo el tiempo pensando en el aire que esta palabra no puede ir, que de aquello no se puede hablar, que ese tema está censurado, que esta persona no se puede nombrar, que ese invitado no puede estar porque me pueden cerrar”.
Su testimonio sirve para dimensionar también lo que ha ocurrido con los medios independientes como TalCual –entiéndase los que no forman parte de corporaciones ni son de propiedad estatal–, donde la exclusión y la censura ha tenido su propia dimensión adicional, con bloqueos, persecución e invisibilización, entre tantas otras cosas.
Ojalá los tiempos que vienen, y en eso acompañamos a Luis en sus deseos, de que los espacios “se sigan abriendo” para que todos podamos ejercer el periodismo en paz y libertad, y que sea irreversible. Su alerta, no obstante, también la sentimos: “Todavía no podemos estar confiados. Yo siento que en cualquier momento me van a llamar otra vez para decirme ‘mira, pisaste este peine’”.
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