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El chavismo metió el diálogo en La Carlota porque es «casi un búnker» sin prensa



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TalCual | agosto 6, 2026

El inicio del diálogo que dice buscar acuerdos sobre el futuro democrático del país transcurrió entre acceso restringido para la prensa, sin la participación de María Corina Machado ni Edmundo González Urrutia y con Estados Unidos, gobernado por un Trump que no ahorra halagos hacia Delcy Rodríguez, vigilante del proceso


El chavismo y la oposición instalaron este 6 de agosto una nueva negociación bajo restricciones de acceso. Solo fotógrafos pudieron entrar brevemente a una sala del Centro de Convenciones en La Carlota para tomar las fotos protocolares. Jorge Rodríguez justificó el sitio, que es «como un búnker», y el hermetismo al afirmar que el objetivo era «evitar que tanto medios de comunicación como otros factores que puedan intentar actuar en contra de la mesa» participen. 

Esas fueron las palabras que marcaron el inicio de, quién sabe si fructífero o no, otro diálogo, el sexto desde 2014, ahora con Caracas como sede. Y sí, la escena fue bastante controlada en todo sentido: sin periodistas independientes, sin declaraciones, sin preguntas, sin cobertura en vivo. Fue solo fotografías.

Apenas se entró a la carpa, en las mesas dispuestas para la acreditación, se mostraban los equipos para confirmar que llevaban cámaras profesionales.

«Sólo fotos. Cero video», fue la instrucción.

La periodista Deisy Martínez, de Efecto Cocuyo, fue hasta el sitio. No pudo acreditarse. No era fotógrafa. No cargaba cámara sino teléfono.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa denunció horas después que la reportera fue interceptada por seis funcionarios no identificados. Le pidieron el celular, le borraron el material que había recogido y tomaron una fotografía de su carnet.

Y hasta les dio tiempo de discutir si la trasladaban a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim). No pasó. El mismo sindicato se cuestionó si «estas prácticas contradicen las garantías democráticas que el proceso dice promover».

Pero la dinámica ya estaba definida y todos muy claros sobre quién podía cubrir el evento.

Fueron dos momentos breves para tomar fotos, no más que eso. Los fotógrafos esperaron en un salón y sólo estaban separados de la sala principal por dos puertas. A las 4:02 de la tarde se abrió el acceso. La reunión había sido convocada para tres horas y dos minutos antes. 

En ese primer encuentro, dentro de la sala, los integrantes de ambas delegaciones estaban de pie, alineados, mirando al frente. Al fondo, la bandera de Venezuela estaba en el centro de la composición, justico a la mitad. Ese símbolo nacional quedó visualmente entre ambos bloques, separando a las delegaciones, a un lado la oposición; al otro lado el chavismo.

La delegación opositora en el diálogo estuvo encabezada por Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015. La acompañaron los diputados Marco Aurelio Quiñones (Voluntad Popular), Desiré Barboza (Voluntad Popular), Ramón López, Jorge Millán y Juan Miguel Matheus (todos de Primero Justicia). Se ubicaron así, en ese orden. 

Por el chavismo, la delegación fue liderada por Jorge Rodríguez, junto a Pedro Infante, Ana María San Juan, Jorge Arreaza, América Pérez y Génesis Garvet. 

«¿Están listos? ¿Tienen las fotos? Hay que salir». La orden fue directa, dada por una de las propias organizadoras, que sí, no hay que negarlo, fue muy amable. 

Y entonces se bailó al ritmo de entrar, fotografiar, salir. Después, por una hora y 20 minutos más todo fue pararse, poner cámara en mano, sentarse. Cada vez que algún vigilante se asomaba a la puerta, todos se acercaban. 

Después, finalmente pasó. Se dio un último acceso. ¿Para qué? Más fotos.

diálogodiálogo diálogo

En la primera sesión , Rodríguez levantó su mano y le dijo algo a Figuera. Era inaudible, hablaban a un volumen muy bajo. Pero no se necesitaban subtítulos para entender el ademán que hizo, en modo «es esto, es así, es asao». A consideración propia, claro está. 

Si el primer ingreso de fotógrafos fue rápido y silencioso, el segundo fue distinto. No hubo interacción con la prensa porque la prensa no estaba allí, quedó excluida, como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, pero sí hubo entre los delegados un intercambio de palabras dentro de la sala, que era blanca, con aire frío, bien frío. Quedaron sentados frente a frente los seis representantes del chavismo y los seis de la oposición, todos con su identificador.

Lea también:Mesa de diálogo acuerda metodología y primera «sesión permanente» hasta el 12 de agosto

TalCual pudo conocer que uno de los puntos abordados durante esa discusión fue la organización de las jornadas de trabajo técnico. Desde la delegación opositora se planteó la posibilidad de sesiones de cinco días y luego se amplió la propuesta a 10 y 15 días de duración.

Después de esos cortos debates, en los que se colaron un par de oídos, no hubo más acceso. Los fotógrafos regresaron al salón donde habían permanecido durante buena parte de la tarde y esperaron por si al terminar la reunión alguno de los negociadores ofrecía declaraciones. Claro que nunca ocurrió.

Pasaron los minutos y las puertas permanecieron cerradas. No hubo balance sobre el diálogo y solo quedaron las fotos del inicio y otro par más hechas durante la reunión. Después, cada quien se fue por su lado. Para ese momento ya estaba bastante clara la lógica del encuentro, que iba sobre el control del acceso y, pareciera, también de la narrativa visual.

Y  así, el inicio de un proceso que dice buscar acuerdos sobre el futuro democrático del país transcurrió en un contexto bien particular; en medio de una negociación que, de nuevo, arranca con acceso restringido para la prensa y sin la participación de Machado; dos cosas que condicionan las preguntas sobre su alcance y posibilidades de éxito.

Antes estuvieron los procesos de diálogo con mediación del Vaticano (2016), República Dominicana (2017), Oslo y Barbados (2019) y México (2021). Ninguno generó una salida negociada a la crisis venezolana, ninguno. Pero ahora las diferencias son otras; como que Nicolás Maduro ya no forma parte de esta ecuación política y que el promotor es Estados Unidos, gobernado por un Donald Trump que ha mantenido una relación pública de muchos más halagos hacia Delcy Rodríguez. El Trump confrontacional de su primer mandato, para cuando ambos países rompieron vínculos diplomáticos, desapareció.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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